lunes, 16 de septiembre de 2013

Tecnologías en el ojo de la tormenta

 TEMAS DE DEBATE: HERRAMIENTAS PARA LA EXPLOTACION DE RECURSOS NATURALES

Análisis sobre el modelo de intensificación productiva que es actualmente dominante en la explotación de recursos naturales, tanto el fracking como la megaminería y los transgénicos. Qué otras alternativas tienen los países en desarrollo como Argentina.


Producción: Tomás Lukin


Hay otras alternativas

Por Valeria Arza, Anabel Marin y Patrick van Zwanenberg *
Es común escuchar argumentos que defienden el modelo de intensificación productiva que es actualmente dominante en la explotación de recursos naturales (RN) –fracking, megaminería, transgénicos– como único camino para impulsar un proceso de desarrollo. Se argumenta que los países como el nuestro no han llegado a un estadio de desarrollo que haga relevante la preocupación ambiental porque existen otros problemas más urgentes (por ejemplo, la generación de divisas). Si bien se concede que estas actividades no son inocuas para el medio ambiente y pueden estar asociadas a los intereses de grandes corporaciones, se piensa que será posible generar impactos positivos para el desarrollo con buena intervención y regulación pública.
Con una economía altamente dependiente de los RN, no sorprenden estos argumentos pragmáticos: la soja transgénica representa más del 50 por ciento del área cultivada y es imposible ignorar cómo se verían afectadas las cuentas fiscales si se cambiaran las prácticas tecnológicas actuales; de igual manera, corresponde aspirar a mejorar la balanza energética. Pero pragmatismo no justifica dogmatismo. Existen diversas alternativas tecnológicas que podrían promoverse. Tres cuestiones deberían tomarse en consideración.
Primero, el modelo de explotación de RN dominante genera graves problemas económicos, ambientales y sociales de efectos evidentes en la calidad de vida de las poblaciones que conviven con estas prácticas y vaticina un futuro menos auspicioso para el empleo rural, la diversificación productiva, para agregar valor en origen, la soberanía alimentaria, la salud, la disponibilidad de agua potable, etcétera. No es antitecnológico criticar algunas tecnologías específicas.
Segundo, existen tecnologías alternativas de producción de RN que superan social y ecológicamente a las establecidas (por ejemplo, energía eólica o producción agropecuaria para mercados diferenciados como la orgánica o agroecológica). Muchas también son viables económicamente o podrían serlo si se apoya su desarrollo. Sin embargo, como muchas veces entran en tensión con las prácticas dominantes (por ejemplo, por el uso de la tierra), no cuentan con el apoyo político y económico necesario para su expansión.
Tercero, la tecnología no puede separarse de las relaciones sociales en las que se inserta, ni de las normativas que regulan su funcionamiento: no es exógena al sistema. Por ejemplo, el modelo de producción de agricultura intensiva no se difundió solamente por las virtudes de las semillas transgénicas, los agroquímicos o los equipos de siembra directa. Su difusión tuvo que ver también con las redes existentes de empresas proveedoras de diversas tecnologías, con su capacidad de lobby, con las leyes de propiedad intelectual, con las regulaciones para la liberación de eventos transgénicos, con los intereses políticos que se crean alrededor de prácticas establecidas, etcétera. Se trata de sistemas que combinan elementos técnicos, políticos y socio-económicos que se alinean para producir y reproducir un sistema productivo que funciona bien al menos en algunas dimensiones (es competitivo a nivel internacional, ofrece rentas sustantivas a los agricultores comerciales, genera divisas e ingresos fiscales, etcétera).
Las tecnologías alternativas pueden no “encajar” con facilidad dentro de este sistema establecido. En buena medida dependerá de hasta qué punto se aparten de las prácticas dominantes. Cuanto más se aparten, mayores tensiones se originarán y más resistida será su expansión. Por ejemplo, algunas medidas que podrían favorecer alternativas (como la agricultura orgánica) pueden ser resistidas si desfavorecen a las prácticas establecidas: pensemos el caso de medidas que restrinjan la fumigación aérea, una práctica extendida en la agricultura intensiva. Cabe resaltar que quienes se favorecen de las prácticas dominantes pueden ejercer una influencia mucho más efectiva incluso que las prácticas de representación democrática. Valga como ejemplo el modo en que el gobierno del Chaco reglamentó la ley de uso de agroquímicos, haciendo caso omiso de las distancias mínimas de fumigación allí establecidas.
En suma, resulta ingenuo pensar que la tecnología es neutral e independiente de las relaciones sociales (y de poder), tanto como que será siempre posible regular su funcionamiento en pos del bien común. Algunos impactos negativos no se pueden disminuir o controlar con regulación e incluso las regulaciones viables serán intensamente resistidas por quienes vean amenazados sus intereses. Finalmente, el argumento de que existe una única tecnología capaz de impulsar el desarrollo –lo que nos obligaría a estar dispuestos a soportar sus consecuencias negativas– es falaz. Existen múltiples opciones tecnológicas con diversas relaciones sociales, económicas y ambientales asociadas. Algunas son superadoras de las establecidas en varias dimensiones, pero no podrán expandirse sin un esfuerzo colectivo de promoción y difusión desde la política pública y la sociedad civil.
* Investigadores de Cenit/Untref.

Necesidad social

Por Ignacio Sabbatella *
La Argentina se encuentra frente a una encrucijada histórica en cuanto a la definición de una política energética de largo plazo. La expansión de la demanda en el marco del crecimiento económico experimentado en la última década llevó a la crisis final de la reforma neoliberal del sector hidrocarburos. La estrategia privada se asentó en la sobreexplotación de las reservas convencionales descubiertas en gran parte por la YPF estatal y el abandono de la actividad exploratoria. El saldo fue una caída pronunciada de la productividad de los yacimientos de petróleo a partir de 1998 y de gas a partir de 2004. La creciente importación de gas natural y combustibles ha derivado en un déficit comercial energético desde 2011, que reaviva el fantasma de la restricción externa sobre la economía nacional.
La recuperación del control estatal de YPF fue un hito y la nueva gestión frenó el declino de la extracción, pero apenas representa un tercio del mercado de crudo y un cuarto del mercado de gas. En consecuencia, en 2012, la importación de energía implicó 9266 millones de dólares (un 13,5 por ciento con respecto al total de las importaciones) y el déficit fue de 2738 millones de dólares (equivalente al 21,6 por ciento del superávit comercial total logrado en el año).
Los recursos no convencionales se presentan como la gran promesa para recobrar el autoabastecimiento energético, especialmente la formación Vaca Muerta en la Cuenca Neuquina. Se precisan inversiones millonarias y la utilización de la fractura hidráulica en combinación con la perforación horizontal. Esta nueva modalidad de explotación exige un esfuerzo conjunto entre Nación y provincias para implementar estrictos controles ambientales y establecer un ordenamiento territorial que resguarde a las comunidades locales y a otras actividades productivas.
Por otro lado, hay que señalar que todavía existe un alto grado de incertidumbre respecto de la conversión en reservas de los “recursos técnicamente recuperables” de shale contabilizados por la Agencia de Información Energética de EE.UU. y, además, los cálculos más optimistas ubican la recuperación del autoabastecimiento en 2022. Por lo tanto, la política energética no puede focalizarse exclusivamente en el shale y debería abrirse un abanico de medidas para paliar el déficit comercial. A corto y mediano plazo, atenuar la demanda a través de una fuerte campaña de uso eficiente y racional de la energía a nivel industrial, residencial, comercial y del transporte; y continuar con la quita de subsidios a los sectores más pudientes. A largo plazo, promover la diversificación de la matriz energética hacia fuentes renovables. Un involucramiento estatal más decidido en el sector eólico sería un paso fundamental.
De la misma manera que no es conveniente entronizar la explotación no convencional, tampoco debería ser demonizada. No es adecuado englobar distintas actividades primarias de gran escala bajo el rótulo peyorativo de “extractivismo”; tampoco es adecuado patrocinar acríticamente cualquier modalidad de extracción y tecnología en pos del “desarrollo”. En ese sentido, el fracking difiere, por ejemplo, de la minería aurífera en al menos dos puntos. En primer lugar, la explotación del shale es liderada por el Estado argentino a través de YPF, mientras que el mercado metalífero está dominado por las grandes mineras transnacionales. Y en segundo lugar, el petróleo y el gas son bienes estratégicos necesarios para satisfacer no sólo el desarrollo industrial sino también el bienestar de la población en su conjunto. Mientras que una gran parte de la extracción de oro –que ni siquiera se refina en el país– está destinada como materia prima de bienes suntuarios y como reserva de valor de la banca internacional.
Bajo las actuales circunstancias, el desarrollo no convencional es una necesidad social. En algunos casos, la intransigencia ambientalista no se reduce al fracking sino que se extiende hacia otras fuentes de energía como la hidroeléctrica, cuyo potencial nacional es más que promisorio y permitiría reducir la dependencia fósil. La crítica coyuntura es una oportunidad propicia para preguntarse energía por qué, para quién y cómo; también para debatir y definir democráticamente cuáles son los umbrales sociales y ambientales que la sociedad argentina está dispuesta a tolerar para sostener las necesidades energéticas del país en las próximas décadas.
* Licenciado en Ciencia Política, becario doctoral Conicet - Instituto Gino Germani.
Fuente: Pagina 12, 16 de septiembre de 2013

viernes, 13 de septiembre de 2013

Los conflictos por la propiedad de tierras suman 857 en todo el país

 Las disputas abarcan más de 9 millones de hectáreas productivas y afectan a más de 63 mil agricultores familiares. Las provincias del NOA concentran casi el 30% de las controversias. Reclamo por la sanción de una ley que frene desalojos.


 Un estudio del Ministerio de Agricultura le puso números a los conflictos por tierras productivas a lo largo y ancho del país. Abarca 9.293.233 hectáreas rurales que afectan a 63.843 agricultores familiares. El relevamiento, confeccionado con la asistencia de la Universidad Nacional San Martín, da cuenta de 857 problemas vinculados a la tenencia y distribución de la tierra que generan reclamos y disputas. Y concluye en la necesidad de una ley que frene los desalojos, distintos tipos de políticas de saneamiento de títulos dominiales, acceso a la justicia de campesinos e indígenas, y alternativas de financiamiento para infraestructura y producción. También advierte acerca de la complejidad del problema, dado que en muchos casos hay competencias no delegadas al Estado Nacional por parte de las provincias.
El trabajo traza un mapa urgente. Le da un marco teórico y funciona como una evaluación rigurosa de las noticias que suelen llegar a los diarios recién cuando se convierten en sangre. Son asesinatos que encienden una alerta, pero que, casi sin remedio, se diluyen con velocidad en la agenda más caliente. Los crímenes de Cristian Ferreyra, hace un año, y Miguel Galván, veinte días atrás, son buenos ejemplos. Casos donde se denuncian bandas armadas comandadas por empresarios del agro en Santiago del Estero. Una provincia a la que el estudio al que accedió Tiempo Argentino reconoce como una de las más conflictivas.
El trabajo, aún no oficializado, divide en regiones las zonas de conflictos. El ránking está encabezado por el NOA (Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja, Santiago del Estero) con el 28,2% de los casos detectados. La Patagonia (Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego e islas del Atlántico Sur) y el NEA (Chaco, Formosa, Misiones, Corrientes) con el 21,1% y 19,3 por ciento. La zona Centro (Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y La Pampa) sigue con el 19,1% y en el último escalón está Cuyo (Mendoza, San Luis y San Juan) que abarca el 11,7% de los problemas de tierra. Las provincias más complicadas son Santiago del Estero, Córdoba, Misiones, Neuquén, Corrientes y Jujuy, en cada una de ellas se anotó, individualmente, más del 6% del total de disputas. 
Otra manera de evaluar la intensidad del problema es tomar la cantidad de familias involucradas en los conflictos. En ese caso, el listado lo encabezan Misiones, Salta, Santiago del Estero y Jujuy.
Un dato de peso, que a su vez es destacado en el resumen ejecutivo, es la condición jurídica de los agricultores familiares involucrados en estas situaciones. El 87,6% son poseedores de tierras. El 8,5% son propietarios. Y el 4% son tenedores. Y del total de los poseedores, el 77,6% tienen más de 20 años de posesión, es decir que cumplen con el lapso de tiempo establecido por la usucapión (o ley veinteañal) para pedir al Estado el reconocimiento de sus derechos posesorios.
Las pujas, por otra parte, se desarrollan en el 49% de los casos en tierras privadas, el 34% en tierras fiscales y el 17% en tierras mixtas (privadas y fiscales). 
El trabajo del Ministerio de Agricultura aborda, además, las razones que originan los problemas. En el 18,25% de los casos hay títulos incompletos o inexistencia de títulos, en el 8,95% usurpación de tierras campesinas o indígenas, más un porcentaje similar de despojos y pedidos de reconocimiento de tierras indígenas, entre otros factores.
La concentración de la producción agropecuaria, la expulsión de agricultores hacia las ciudades, el aumento de precio de hasta un 600% de la tierra productiva entre 1998 y 2011, la expansión de la frontera agropecuaria, el crecimiento de la megaminería y el desarrollo del turismo –consigna el trabajo– explican la aparición de un nuevo actor, al que se llama "Nuevo Propietario". Se trata, al fin, de actores, a veces con títulos inciertos, pero que, aun con papeles en regla, sus títulos ya no tienen vigencia. E intentan recuperar tierras que abandonaron hace más de 20 años. Es decir: que no ocuparon, no trabajaron ni deslindaron.
Las batallas son silenciosas y tierra adentro. Entre las particularidades del trabajo sobresale que en casi el 70% de los conflictos se desarrollan en tierras con accesos malos o regulares. Los poseedores rurales denuncian que las amenazas, en la mayor parte de las casos, provienen de particulares (el trabajo señala que en muchos casos hay guardias privadas armadas). En cambio, la mayoría de los propietarios que ven amenazados sus derechos señalan a organismos y funcionarios estatales.
A la hora de las conclusiones, el trabajo destaca la necesidad de un saneamiento de títulos que, a pesar de la complejidad legal, se recomienda que sea encabezado por el Estado Nacional. A la vez que propone, si se pretende enfrentar el proceso de exclusión social en el campo, políticas de financiamiento para infraestructura, mecanismos de capacitación y extensión, información, salud y transporte. Ante la situación de "indefensión de los agricultores familiares", por la dificultad para el acceso a la administración de justicia, el trabajo recomienda en primer lugar: promover legislación que garantice la suspensión de los desalojos.  «
Fuente: Diario Tiempo Argentino, 29 de octubre de 2012

Para descargar el libro con los mapas hacé Clik aca:
http://www.proinder.gov.ar/productos/Biblioteca/contenidos/estinv.32.relevamiento%20y%20sistematizacion%20de%20problemas%20de%20tierra%20de%20los%20agricultores%20familiares%20en%20argentina.pdf
Comentario: en este relevamiento participamos con el Malut en la compilación de los datos de la provincia de La Pampa.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Mapa de los pueblos originarios

El mapa ubica a los 38 pueblos naciones originarias en los lugares donde hoy viven. Fue realizado por el Encuentro Nacional de Organizaciones Territoriales de Pueblos Originarios 






miércoles, 4 de septiembre de 2013

Los pueblos originarios tienen su mapa

SOCIEDAD › FUE CONFECCIONADO POR LAS ORGANIZACIONES TERRITORIALES Y SERA DISTRIBUIDO EN LAS ESCUELAS

El trabajo ubica a los 38 pueblos naciones originarias en los lugares donde hoy viven. Fue realizado por el Encuentro Nacional de Organizaciones Territoriales de Pueblos Originarios con el apoyo del Sindicato de Comercio de Quilmes.



 Por Eduardo Videla
“Hasta ahora, los mapas con la distribución de los pueblos originarios eran los que había hecho la Iglesia. Nosotros mismos suponíamos que éramos una docena de pueblos en todo el territorio. Pero en los encuentros nos fuimos dando cuenta de que había más, y resolvimos hacer nuestro propio mapa.” Roberto Ñancucheo, de la Confederación Mapuche de Neuquén, explicó de esa manera por qué las comunidades reunidas en el Encuentro Nacional de Organizaciones Territoriales de Pueblos Originarios (Enotpo) resolvieron poner por primera vez sobre el papel la distribución geográfica de las 38 naciones geográficas identificadas hasta ahora en todo el territorio del país. El material, junto con un cuadernillo, será repartido por los propios integrantes de las comunidades en las escuelas de todo el país.
Ñancucheo explicó Página/12 que la necesidad se les planteó en uno de los encuentros, allá por 2009. “Había muchos compañeros de Tartagal y nosotros creíamos que eran wichís. Pero uno de ello nos dijo que era del pueblo iogys. ¿Pero si vos hablas en wichí?, le preguntamos. Sí, nos contestó, porque estoy con ellos, pero en mi casa hablamos iogys. Ahí nos dimos cuenta de que ni nosotros sabíamos cuántos pueblos hay.”
Para Walter Barraza, del pueblo tonocoté, de Santiago del Estero –aunque reside en Quilmes–, el mapa presentado ayer “refleja la identidad diversa de los pueblos que habitan el territorio, que permite considerarlo como un Estado plurinacional”. El dirigente confía en que esta información permitirá que en las escuelas “no se estudie dónde vivían los pueblos originarios y cuáles eran sus costumbres, sino por dónde viven y cuál es su situación hoy”.
El encuentro de organizaciones territoriales, explicaron los organizadores, comenzó a gestarse a partir de 2008, con el debate por la Resolución 125, por las retenciones móviles a la producción agraria. “Era un avance contra la Sociedad Rural, nuestro enemigo histórico, el que financió al Ejército para avanzar sobre nuestros territorios”, afirmó Barraza. “A diferencia de ellos –agregó–, nosotros no queremos que desaparezca la Sociedad Rural, sino que se abra la participación a otros actores.”
Si bien la organización reconoce que en el actual proceso político “hemos detectado un avance de los sectores populares sobre la gestión del Estado”, y admite que “en esta última década estamos mejor acompañados que nunca”, aseguran que “no queremos que nadie nos conduzca, fuera de nuestras propias autoridades”. Valoran que los pueblos originarios hayan sido escuchados en los últimos años para el debate de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual o del Código Civil, y trabajen en cooperación con organismos del Estado, como el INTA o el INTI, pero remarcan que queda mucho recorrido en la lucha por sus derechos. “Desde la posesión de nuestras tierras hasta el derecho a la consulta antes de encarar un emprendimiento productivo en los territorios”, grafica Ñancucheo.
La edición y publicación del mapa y el cuadernillo contó con el apoyo del Sindicato de Comercio de Quilmes, una entidad gremial que se ha mostrado interesada en la lucha de los pueblos originarios. Los materiales fueron entregados ayer por el secretario general, Roberto Rodríguez. Si la alianza indígena-sindical puede resultar sorprendente, no menos imprevista es la participación de deportistas en la movida: estuvo presente el ex futbolista Pablo Rotchen, del pueblo huarpe (Mendoza), de larga trayectoria en la lucha por los derechos de los pueblos originarios, y envió su adhesión el también ex defensor de Independiente Pedro Monzón (actual entrenador de Platense) de la comunidad guaraní.
Los 10 mil mapas impresos en tamaño afiche serán distribuidos en escuelas de veinte provincias. “En este trabajo está condensado nuestro pasado de lucha y resistencia, y también la proyección para volver al buen vivir de nuestros antepasados”, concluyó Ñancucheo.
Fuente: Página 12, 04 de septiembre de 2013

miércoles, 28 de agosto de 2013

Expropiación de YPF Fracking: una tecnología en el centro de la controversia


Por Nora Bär


Según estimaciones de organismos internacionales, las reservas no probadas de hidrocarburos no convencionales [es decir, aprisionados a gran profundidad en la roca madre] podrían multiplicar entre 11 y 67 veces las reservas probadas actuales de gas y petróleo convencionales de la Argentina. No es necesario aclarar que estas cifras inspiran atractivas expectativas económicas.


"Siempre que se toca el ambiente, hay una respuesta -dice el doctor Jorge Codignotto, geólogo y presidente de la Academia de Ciencias del Ambiente-. Suelo dar este ejemplo: cuando uno está sentado a la orilla del mar y viene una ola, empieza a hundirse en la arena, y lo único que hizo fue desviar el flujo del agua. De allí en más, imagínese... Pero no siempre podemos abstenernos de alterar la naturaleza: el petróleo no sólo se utiliza para producir energía, también interviene en un sinnúmero de otros productos, como los plásticos, las prótesis de titanio, los detergentes, el asfalto, los lentes orgánicos... Lo importante es tener información válida."

De acuerdo con las teorías vigentes, el petróleo y el gas se formaron a partir de capas de microorganismos que se fueron acumulando en el lecho de estuarios, mares y lagos. Allí, en ausencia de oxígeno y sometidos a gran presión y temperatura, se cocinaron en una suerte de gran "horno geológico", explica en un documento el Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG).

El estrato en el que se produjeron se conoce como "roca generadora" o "roca madre". Tiene diminutos poros no conectados entre sí y se encuentra a grandes profundidades, incluso superiores a los 3000 metros. Luego, los movimientos de la corteza terrestre fueron rompiendo esa roca madre y generando pequeñas fisuras por las cuales el petróleo y el gas comenzaron a migrar hacia otras formaciones hasta llegar a un "techo". Estas estructuras, llamadas "trampas", son las que contienen hidrocarburos convencionales.

El problema es que gran parte de éstos quedaron encerrados en la roca en que fueron creados. Al declinar la producción de petróleo y gas convencionales, surgió la idea de mejorar la permeabilidad de los yacimientos para acceder a ellos. El fracking emula lo que hizo la naturaleza: fractura la roca inyectando agua a presión para liberar el petróleo y el gas atrapados (ver infografía).

Alrededor de 2005, esta tecnología empezó a usarse a gran escala en los Estados Unidos y comenzaron los cuestionamientos.

Entre otras críticas, se objeta que en los sitios cercanos a la explotación podrían producirse riesgos para la salud pública, como la contaminación de acuíferos, o la emisión de benceno y otros gases que pueden causar cáncer y patología neurológica.

"El fracking consiste en hacer un pozo común y corriente hasta que se llega a la capa donde se sospecha que puede haber alojados gas o petróleo sin salir de la roca generadora -explica el geólogo e ingeniero petrolero Gualter Chebli-. La diferencia con lo tradicional es que se perfora primero en forma vertical y después horizontalmente. En ese momento se envía a la profundidad una mezcla de agua a muy alta presión con aditivos químicos que cumplen diferentes funciones. Pero esto afecta tanto el ambiente como un pozo convencional."

Se emplean entre 8 y 15 sustancias (anticorrosivos, gelificantes, inhibidores de crecimiento bacteriano, lavandina, soda cáustica, bicarbonato de sodio, vinagre), y todos deben declararse.

Según Chebli, dado que en el país la roca madre está a más de 3000 metros de profundidad, siempre que la técnica se aplique correctamente y que no haya problemas en el aislamiento ("encamisado"), no existe peligro de contaminación de acuíferos (que se encuentran a alrededor de 300 metros de la superficie).

Otra de las críticas que se esgrimen es que se emplea gran cantidad de agua. "Sí -concede Chebli-, pero ¿cuál es el problema? En la Argentina, hay unos 40.000 pozos perforados y en todos se usa agua para la extracción."

Fuentes del IAPG precisan que se inyectan entre 10.000 y 30.000 m3 de agua por pozo, pero que eso equivale a unos pocos segundos del caudal de un río neuquino. Los cálculos de este organismo indican que, si se cumpliese el Plan Quinquenal previsto para Vaca Muerta, se perforarían en esa provincia 2500 pozos en cinco años y se usaría menos del 0,1% del recurso hídrico, mientras la población y el agro consumirían el 5% y el 94% desaguaría en el mar.

También preocupa el "agua de recuperación secundaria" (o backflow ), que es la que asciende desde la perforación y debe ubicarse en pozos sumideros (agotados) o formaciones estériles. "Este líquido es contaminante, pero lo que se hace es instalar una planta depuradora o reinyectarlo en otro pozo", dice Chebli.

El licenciado Daniel Bouille, investigador senior y presidente ejecutivo de la Fundación Bariloche, subraya que el mayor problema ambiental estaría vinculado no con la cantidad de agua que requiere la explotación, sino con el tratamiento de los residuos. "No conozco estudios sobre los efectos, pero hay que tener en cuenta que pueden ser de muy largo plazo -dice-. El riesgo adicional que tiene esta tecnología es que, como la inyección es a tremendas presiones, aumenta la posibilidad de filtraciones."

Por su parte, aunque coincide en que "no hay estudios serios del impacto del fracking ", Mauro Fernández, de Greenpeace, lo objeta enérgicamente porque "profundiza un modelo fósil que llegó al límite, justo en un momento en que los países están avanzando hacia tecnologías alternativas". Según Fernández, Japón y Alemania están comenzando a abandonar las matrices fósiles y nucleares en favor de tecnologías renovables. "Tecnologías como el fracking o la extracción de petróleo del Ártico, algo que es posible por el mismo calentamiento climático que las petroleras contribuyeron a impulsar -afirma-, son un intento de ir más allá de los límites naturales."

Fernández agrega, además, que "cuando se extrae el esquisto hay emisiones de metano, que es 50 veces más poderoso que el dióxido de carbono para generar calentamiento climático". Y afirma: "Nos preocupa que se instale la solución petrolera y que no se invierta en tecnología de fuentes renovables".

Bouille toma distancia. Por ahora, dice, "la biblioteca del fracking no se inclina ni para un lado ni para el otro". Por eso, el especialista opina que se impone respetar el principio de incertidumbre. Esta misma idea hace que, mientras en algunos países esta tecnología fue adoptada (como en Canadá y Ucrania), en otros rige una moratoria (Gran Bretaña), en otros se la está analizando (Suiza, Alemania, España, Rumania y República Checa), y en otros está prohibida (Francia y Bulgaria).

"Está planteado un esquema de riesgo -dice Bouille-. Por ahora, no se puede afirmar que sea dañino, pero tampoco que no lo sea." Para Bouille, las fuentes renovables pueden jugar un papel complementario y el mayor rédito de aplicar el fracking en Vaca Muerta "será poder aprender y tomar conocimiento de cuáles son las reales reservas y los recursos extraíbles". Un documento de la Fundación Bariloche recomienda no sólo incursionar en el [petróleo y gas no convencionales], sino también explorar cuencas conocidas y las que aún no están en producción, pero también promover la eficiencia energética a través de medios de transporte masivo, del uso del ferrocarril para el transporte de cargas y el uso racional de la energía.




Fuente: La Nación - 16 de agosto de 2013

lunes, 26 de agosto de 2013

“Es necesario consolidar un modelo que tiene que resolver problemas estructurales”


Entrevista a Aldo Ferrer por Tomás Lukin


El economista Aldo Ferrer rechaza que el resultado de las elecciones primarias condicione la política económica del Gobierno, pero advierte que hay desafíos estructurales y desequilibrios macroeconómicos a los que hacer frente. “El proceso de reindustrialización basado en la recuperación de la soberanía requiere más inversión privada y cambio tecnológico, la inversión pública y de las pymes son fundamentales pero no alcanzan. Para eso es fundamental el debate al que está convocando el Gobierno a los actores económicos”, afirma el ex embajador argentino en Francia y uno de los principales referentes del pensamiento económico nacional. La inflación, la competitividad, la puja distributiva, la producción de hidrocarburos y la política industrial son algunas de las tensiones que el fundador del Plan Fénix considera que deben ser abordadas para garantizar la “sustentabilidad del modelo”.

–Todos los aspectos de la realidad influyen en las opciones del electorado. Siempre hay algunas insuficiencias para resolver. Las PASO son una elección previa a la que le seguirá una renovación legislativa en octubre, y luego otra presidencial. Forma parte del proceso democrático. No hay que exagerar la influencia. Lo que sí está claro es que los modelos económicos se defienden en función de la consistencia de sus principios y de sus resultados, y estamos viendo que hay muchos logros relevantes que le otorgan al Gobierno un apoyo significativo sobre el electorado. El resultado de las elecciones no va a definir el rumbo financiero y económico de Argentina.

–¿Cuáles son los principales desafíos que enfrenta la economía argentina en la actualidad?

–Los riesgos que se plantean ahora están asociados a la sustentabilidad del modelo. Es necesario consolidar un modelo nacional que tiene que resolver problemas estructurales fundamentales como el energético o el déficit en el comercio exterior de manufacturas a pesar del fuerte aumento de la producción industrial de la última década. El déficit en el balance comercial de manufacturas industriales revela el insuficiente desarrollo del aparato industrial argentino. Subsisten problemas estructurales y también hay desequilibrios macroeconómicos que hay que atender.

–¿A qué se refiere con desequilibrios macroeconómicos?

–Hay una situación muy tensa en las finanzas públicas por la política de subsidios destinados a contener la inflación. También existen tensiones con los precios internos y con el tipo de cambio. Hay que tratar de evitar que los costos suban más que la paridad nominal del tipo de cambio y sostener espacios de rentabilidad a largo plazo que contribuyan a frenar la fuga de capitales. Hay un problema de sustentabilidad del modelo que permitió una muy importante recuperación de soberanía, pero esto sólo se puede consolidar sobre bases muy firmes de equilibrios fiscales y pagos internacionales. La reacción a los problemas se dio cuando éstos eran muy agudos. Hay tensiones que se pretende corregir con controles legítimos pero es necesario recuperar solvencia fiscal y competitividad. Hay situaciones tensas que no generan un clima propicio para el ahorro y la inversión.

–Ese análisis se asemeja mucho a los planteos ortodoxos.

–Hay una ortodoxia irresponsable y neoliberal que plantea la necesidad de un ajuste del gasto y bajar los salarios. Y hay otra ortodoxia que dice que hay que vivir con lo nuestro y mantener la casa en orden. La sustentabilidad radica en esos dos principios: no hay que depender de crédito externo y se deben mantener equilibrios responsables para evitar los desvíos que abren el espacio para el retorno a las recetas de la ortodoxia. Hay que buscar el pleno empleo, inducir la inversión y apuntar todos los instrumentos al crecimiento. Pero no se construye nada en el desorden ni en un escenario de tensiones.

–¿Sostiene que hay que bajar el gasto público?

–No es un problema de nivel del gasto, no hay que bajar el gasto. El nivel de gasto público es razonable dado el nivel de desarrollo. Pero es necesario ocuparse de la calidad del gasto público y mantener una situación de superávit primario que transmita señales contundentes de que las finanzas públicas están sólidas. Naturalmente hay una demanda de gasto muy grande pero los desequilibrios generan climas poco propicios para la sustentabilidad del modelo. Los subsidios tienen que estar bien focalizados y analizar si se justifican como instrumentos para contener el alza de precios. También queda mucho por hacer en materia tributaria. Es necesaria una reforma integral y una iniciativa como la de gravar la renta financiara es buena.

–¿Cómo se logra impulsar la exportación de bienes industriales en un escenario internacional de crisis donde cayó sensiblemente la demanda para esos productos?

–El problema de Argentina no apareció ahora, es una vieja limitación. Incluso en condiciones de tensión como las que hay ahora existen muchas cosas que se pueden hacer en materia microeconómica y en las economías regionales para promover la transformación productiva. Así como no es todo por viento de cola no todo es por el viento de frente.

–El BCRA reconoce que se perdió parte del colchón cambiario extraordinario que generó la devaluación de 2002. ¿La pérdida de competitividad se debe resolver con un nuevo salto cambiario?

–No. El tipo de cambio se tiene que discutir en conjunto con toda la política económica que define la competitividad. Está claro que hay un desfasaje entre los costos internos y la paridad nominal y esto achicó la rentabilidad. El BCRA ajusta continuamente la paridad nominal. Un tipo de cambio competitivo, administrado, para atender la realidad en un país en desarrollo es fundamental. Pero el tema de la competitividad no incluye sólo el tipo de cambio. Hay que apelar a todos los instrumentos necesarios para fortalecerla.

–¿Se requieren mayores niveles de inversión para lograr una transformación de la estructura productiva?

–Es necesaria una política explícita de incentivos a la inversión privada en sectores estratégicos. Lo que hace al éxito de la política industrialista en Asia es que los beneficios para las empresas están condicionados a metas de exportación, inversión y cambio tecnológico. Si no lo cumplen, pierden los beneficios. Hoy no está la contrapartida de la sanción al no cumplimiento de objetivos compartidos. La política de transformación implica alianza con sectores privados y públicos que requiere incentivos y sanciones. En los últimos años existió un énfasis público en materia de ciencia y tecnología. En Argentina continúa aumentando el déficit comercial en materia de bienes industriales de alto contenido tecnológico. El desarrollo en esos sectores dinámicos continúa rezagado. Para eso hacen falta compromisos recíprocos entre las políticas públicas y el sector privado.

–Sin embargo, los avances en materia de regulación formal e informal desde el Estado son duramente resistidos desde los grupos económicos más poderosos, que son beneficiarios de las políticas de impulso a la demanda y las herramientas de protección comercial.

–Cuando hay incentivos debe haber compromisos. Si el atractivo del régimen para la inversión y las ganancias es suficiente vas a tener una respuesta positiva. El economista polaco Michal Kalecki planteó hace mucho tiempo que los grupos económicos dominantes privilegian la posición dominante por sobre sus ganancias. No les gusta que intervenga el Estado, prefieren operar en sectores con alto desempleo y poca presencia sindical. La clave del éxito es atraer al campo de la inversión y el cambio técnico a un sector privado que puede tener ese comportamiento. Es necesario y posible pulir las políticas de industrialización con incentivos y objetivos claros. Si no lográs la incorporación de la inversión privada a la reindustrialización y el cambio tecnológico, descansás esencialmente en la inversión pública y de las pymes, que son fundamentales pero no alcanzan.

–La presidenta Cristina Fernández de Kirchner convocó a los principales actores económicos y sociales a debatir el proyecto económico.

–El debate entre los actores económicos y sociales y el Gobierno es fundamental. Los cambios necesarios para el desarrollo, para el crecimiento con inclusión social, creación de empleo y cambio tecnológico no se pueden lograr en un marco de hostilidad continua entre el Estado y los sectores privados. El diálogo es fundamental para limar asperezas, pero eso no quiere decir que desaparecen los conflictos ni que la creación de una mesa de diálogo le quite al Poder Ejecutivo la responsabilidad de gobernar. Puede mejorar mucho la calidad del diálogo. Las medidas de protección al mercado interno y estímulo de la demanda son fundamentales pero son necesarios incentivos a la transformación industrial. Porque si no vuelve a suceder que el sector industrial desequilibrado en términos comerciales termina descansando en el superávit de divisas que genera la actividad primaria. Ese es un modelo de industrialización a medias y eso no es consistente.


Fuente: Página/12 - 19 de agosto de 2013 y Realidad Económica