Persistencia y cambio en el
oeste pampeano: el rol de los ambulantes
Por María Eugenia
Comerci *
En el oeste de la provincia de La Pampa persisten prácticas culturales,
productivas y sociales arraigadas desde comienzos del siglo XX. Dentro de los
agentes tradicionales que históricamente han interactuado con los productores, se
destacan los vendedores ambulantes o “mercachifles”. A través de densas redes,
éstos han proveído a los puesteros de bienes de consumo. En el artículo se exploran
los vínculos históricos establecidos entre los vendedores ambulantes y los
puesteros y las estrategias comerciales
gestadas en el transcurso del tiempo.
Camioneta
de los ambulantes recorriendo puestos en Chos Malal. Fuente: Comerci, M. E.
2013.
En el sector
occidental de la provincia de La Pampa, desde principios del siglo XX hasta la
década de 1970, predominaron explotaciones familiares configuradas
territorialmente con el diseño de puestos. Los puesteros de los departamentos
Chicalcó, Limay Mahuida y Puelén, el desarrollaban una producción de
subsistencia basada en el uso del monte abierto. En este período, además de los
intercambios con los vendedores ambulantes de General Alvear, San Rafael y
Catriel, la presencia de estancias ganaderas, si bien era escasa, permitía
generar relaciones laborales a través de empleos eventuales asociados con el
arreo de animales.
La puesta en
ejecución de algunas políticas públicas en los últimos treinta años, lentamente
redefinieron las prácticas productivas y los mecanismos de articulación. Estas
políticas, junto con las mejoras en las comunicaciones y las nuevas demandas
productivas, permitieron establecer mayores vínculos con Santa Rosa, capital de
la provincia.
Dentro de los agentes
tradicionales que han interactuado con los puesteros, se destacaban los
vendedores ambulantes o “mercachifles”, quienes a través de densas redes, han
proveído a los puesteros de recursos que no podían obtenerse en las unidades
productivas. A su vez, los vendedores ambulantes compraban diversos recursos
que estos producían. En la actualidad, los ambulantes recorren algunos parajes
y puestos alejados, si bien se han reconfigurado sus recorridos y modalidades
de venta.
Trueque de bienes
a través de la venta itinerante
De la misma manera que en el norte
patagónico, los ambulantes eran los intermediarios en la cadena de
comercialización de los productos primarios y posibilitaban el acceso a los
bienes de consumo. Ellos
demandaban animales vivos, cueros, pieles o lana; y ofrecían alimentos,
vestimentas, calzados o fardos.
Carro con
venta ambulante en Victorica. Fuente: http://luisroldan.blogspot.com.ar/
La lógica de acumulación de los ambulantes
consistía en comprar mercancías baratas y venderlas en forma directa “puerta a
puerta” (en algunos casos, duplicando su valor), en los distintos puestos
dispersos. Otra función de los vendedores fue la compra de abono o guano
en los puestos que proveyó de ingresos eventuales –y poco significativos– a los
crianceros. Así, relataban la presencia de ambulantes en la década de 1970 los
puesteros:
Andaban en carros…sabíamos comer… ¡comprar una harina negra! Negra…
Hoy por hoy no la conoce nadie… ¡negra, negra era!... Un carbón así… cuando se
quema ¿vio?… esa era la harina más común que comían los viejos en esos años…
(…) Se le daba un animalito así y ellos compraban… Los carros eran de Mendoza,
de acá… La Pampa… de todos lados… de Victorica… ¡Hoy el carro no lo conoce nadie!
Hoy ver andar un carro es una admiración… ¡Sin cubiertas andaban por acá! Hoy
andan vendiendo… pero no a carro… (criancero y artesano de Chos Malal).
Se vendían los cueros y se compraba lo que quería…En ese entonces
andaban los Ruices vendiendo. Los primeros camiones que vinieron fueron los
Moreno…de Mendoza…Le das la lana y comprabas mercadería para el año!!! Para el
año… Así que ahí se llevaban la producción… pero se abusaban (pastor de La
Humada).
La
estrategia espacio-temporal de los mercachifles variaba de acuerdo con las
características de cada espacio. En parajes aislados, lo comerciantes
itinerantes arribaban a los puestos solamente una o dos veces al año por el mal
estado de los caminos. En otros casos en los que contactos con las familias
eran más fluidos, la recorrida se realizaba de unas a tres veces al año dado
que el acceso era más fácil y la disponibilidad de caminos era mayor. De este
modo la venta itinerante cumplía una importante función social y económica en
los parajes rurales alejados de los centros de consumo.
Los ambulantes tenían una gran flexibilidad en las formas de
intercambio, por lo general no monetaria, mediante el trueque de animales y
cueros. Era poco frecuente el uso del dinero, pues la práctica del trueque
estaba generalizada y existían fuertes lazos de dependencia de los productores
con los ambulantes, que a menudo fiaban artículos para el consumo doméstico.
Asimismo, realizaban la venta fraccionada de mercancías y en pequeños
volúmenes. En los relatos de los puesteros entrevistados, estos agentes
aparecen como “un mal necesario”, ya que no tenían más alternativa que comprar
los productos al precio que el vendedor disponía.
En algunos
casos la llegada de los ambulantes a ciertos puestos promovía la realización de
“fiestas” en las que se apostaba parte de la producción, se consumía alcohol y
eventualmente se generaban peleas entre vecinos y/o violencia doméstica. De
acuerdo con algunos testimonios se consumía alcohol y se apostaba la
producción, de este modo se llevaban más animales que lo acordado:
Y en ese entonces la gente timbiaba…
y venían los camiones y se ponían a jugar ¡Días enteros timbiando!… ¿sabe la
cantidad de animales que se moría?... Venían los camiones y se ponían a timbiar…
tomaban y… cuando se quedaban sin plata… decían… “andá y carneá un chivo”…Vení…
perdían en la timba… entonces le decía… “cargá 30 chivos…” y capaz que cargaban
50 y le pagaban 20! (criancero de Puelén).
Cambios en la figura de los “mercaderos”
Durante las décadas de 1970 y 1980, la figura
del ambulante, siguió presente en algunos parajes como en la zona de Chos Malal
o en Paso Maroma, sin disociar el rol de compradores de la producción y vendedores
de bienes de consumo. Lentamente, la mejora en los caminos permitió que todo el
espacio fuera recorrido con más asiduidad. El uso de camiones y camionetas, en
reemplazo de los carros, unido a la apertura de picadas, posibilitó una mayor
presencia de los ambulantes en los puestos. Las nuevas huellas y los mayores
contactos con otros espacios, facilitados por las políticas públicas,
permitieron la llegada de nuevos vendedores itinerantes, aunque no se rompió la
dependencia con algunos.
Antes, si andaban más, pero por ahí de vez
en cuando…por ahí pasan... antes sí, pero era muy caro… Ahí tiene mi hijo una
camionetita… y el chico este también tienen un auto y nos llevan al pueblo…
pero ahora se rompió (criancera y artesana de Paso Maroma).
Acá hay muy pocos mercachifles… por el hecho
de que todos, o sea, casi todos acá tienen vehículos acá en la zona, fue
cambiando muy mucho. La modalidad de los de los ambulantes fue cambiando… creo
que siguen existiendo… o sea, siguen existiendo y hay zonas que están, pero zonas más alejadas como
Chos Malal, más al sur (puestero de La
Humada).
Sin embargo, en algunos parajes más
alejados de los centros urbanos la presencia de los vendedores continúa siendo
significativa. La mayoría
de los “mercachifles” compran sus productos en Mendoza o en pueblos pampeanos y
los venden en el ámbito rural. Todos aceptan el pago de dinero en el
intercambio de mercancías. Por lo general, no existe competencia entre los
ambulantes, pues cada uno se especializa en la venta de diferentes bienes de
consumo y de servicios.
Entre
los rubros en los que se especializan se encuentran los siguientes: a)
alimentos enlatados, empaquetados y deshidratados, frutas y verduras; b)
vestimenta, calzado, ropa de cama, colchones y muebles; c) insumos para el
trabajo (alambre, forrajes, alimento balanceado) y d) transporte de personas y
realización de trámites en los pueblos. El traslado de personas es un servicio
que posee un peso significativo entre las actividades que desarrollan los
ambulantes, ya que la mayoría de las familias perciben asignaciones familiares
y/o jubilaciones-pensiones del Estado, y debe desplazarse hasta los pueblos
para cobrar.
Estrategias y desafíos
El oeste pampeano constituye un espacio en el
que persisten formas de vida y de organización territorial familiar y en las que las relaciones
capitalistas adquieren también una configuración singular. Las modalidades de
intercambio con los mercachifles e intermediarios expresan vínculos que van más
allá del mero cálculo económico. A pesar de los sobreprecios de los productos,
estas prácticas de intercambio persisten en las zonas rurales aisladas. Los
vínculos históricos y las relaciones de conocimiento mutuo entre los
ambulantes-intermediarios y las familias puesteras pueden explicar la continuidad
de estas prácticas. Sin embargo, la mayor persistencia de la figura del
ambulante en algunos parajes rurales respecto de otros, se asocia con los
siguientes factores:
-
Aislamiento relativo de los puestos respecto a los pueblos.
-
Escasa disponibilidad de medios de transporte a motor en propiedad de
los campesinos.
-
Inexistencia de transporte público/privado de pasajeros entre el
paraje Chos Malal y los poblados cercanos (Puelén, La Humada, Santa Isabel).
-
Flexibilidad en las formas de intercambio. El ambulante o
intermediario se ajusta a las diferentes posibilidades de pago que les ofrecen
los puesteros (pago en dinero, con especias y/o toma de ganado como forma de
pago).
-
Venta “fiado” con el cobro de intereses.
-
Comercialización de productos fraccionados y sueltos.
-
Facilidad en el acceso a los bienes de consumo “puerta a puerta”.
-
Discursos de los puesteros y los vendedores que justifican el alto
precio de los productos por el flete y el mal estado general de los
caminos.
La alternativa de venta de los animales en el
frigorífico de Santa Isabel, junto con las mejores comunicaciones hacia las
localidades, han reducido la relación asimétrica entre comerciantes y
productores. Sin embargo, las dimensiones sociales influyen a la hora de
decidir a quién comprar los artículos de consumo y a quién vender la
producción. Si bien se han generado políticas públicas destinadas a mejorar la
comercialización de los caprinos a través de la construcción del frigorífico
regional, que además busca para dar valor agregado a los productos, no se han
alterado en forma significativa las relaciones de dependencia entre ambulantes
y productores. La persistencia de una demanda estacional, el mal estado de los
caminos y la atomización de los productores dificultan encontrar soluciones a
esta problemática que impide un desarrollo regional integrado.
* Dra. en Ciencias Sociales. Investigadora del CONICET/UNLPam
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