jueves, 11 de agosto de 2016

Persistencia y cambio en el oeste pampeano: el rol de los ambulantes
Por María Eugenia Comerci *


En el oeste de la provincia de La Pampa persisten prácticas culturales, productivas y sociales arraigadas desde comienzos del siglo XX. Dentro de los agentes tradicionales que históricamente han interactuado con los productores, se destacan los vendedores ambulantes o “mercachifles”. A través de densas redes, éstos han proveído a los puesteros de bienes de consumo. En el artículo se exploran los vínculos históricos establecidos entre los vendedores ambulantes y los puesteros y  las estrategias comerciales gestadas en el transcurso del tiempo.

 Camioneta de los ambulantes recorriendo puestos en Chos Malal. Fuente: Comerci, M. E. 2013.
En el sector occidental de la provincia de La Pampa, desde principios del siglo XX hasta la década de 1970, predominaron explotaciones familiares configuradas territorialmente con el diseño de puestos. Los puesteros de los departamentos Chicalcó, Limay Mahuida y Puelén, el desarrollaban una producción de subsistencia basada en el uso del monte abierto. En este período, además de los intercambios con los vendedores ambulantes de General Alvear, San Rafael y Catriel, la presencia de estancias ganaderas, si bien era escasa, permitía generar relaciones laborales a través de empleos eventuales asociados con el arreo de animales.
La puesta en ejecución de algunas políticas públicas en los últimos treinta años, lentamente redefinieron las prácticas productivas y los mecanismos de articulación. Estas políticas, junto con las mejoras en las comunicaciones y las nuevas demandas productivas, permitieron establecer mayores vínculos con Santa Rosa, capital de la provincia.
Dentro de los agentes tradicionales que han interactuado con los puesteros, se destacaban los vendedores ambulantes o “mercachifles”, quienes a través de densas redes, han proveído a los puesteros de recursos que no podían obtenerse en las unidades productivas. A su vez, los vendedores ambulantes compraban diversos recursos que estos producían. En la actualidad, los ambulantes recorren algunos parajes y puestos alejados, si bien se han reconfigurado sus recorridos y modalidades de venta.

Trueque de bienes a través de la venta itinerante
De la misma manera que en el norte patagónico, los ambulantes eran los intermediarios en la cadena de comercialización de los productos primarios y posibilitaban el acceso a los bienes de consumo. Ellos demandaban animales vivos, cueros, pieles o lana; y ofrecían alimentos, vestimentas, calzados o fardos.

Carro con venta ambulante en Victorica. Fuente: http://luisroldan.blogspot.com.ar/

La lógica de acumulación de los ambulantes consistía en comprar mercancías baratas y venderlas en forma directa “puerta a puerta” (en algunos casos, duplicando su valor), en los distintos puestos dispersos. Otra función de los vendedores fue la compra de abono o guano en los puestos que proveyó de ingresos eventuales –y poco significativos– a los crianceros. Así, relataban la presencia de ambulantes en la década de 1970 los puesteros:

Andaban en carros…sabíamos comer… ¡comprar una harina negra! Negra… Hoy por hoy no la conoce nadie… ¡negra, negra era!... Un carbón así… cuando se quema ¿vio?… esa era la harina más común que comían los viejos en esos años… (…) Se le daba un animalito así y ellos compraban… Los carros eran de Mendoza, de acá… La Pampa… de todos lados… de Victorica… ¡Hoy el carro no lo conoce nadie! Hoy ver andar un carro es una admiración… ¡Sin cubiertas andaban por acá! Hoy andan vendiendo… pero no a carro… (criancero y artesano de Chos Malal).

Se vendían los cueros y se compraba lo que quería…En ese entonces andaban los Ruices vendiendo. Los primeros camiones que vinieron fueron los Moreno…de Mendoza…Le das la lana y comprabas mercadería para el año!!! Para el año… Así que ahí se llevaban la producción… pero se abusaban (pastor de La Humada).
               
La estrategia espacio-temporal de los mercachifles variaba de acuerdo con las características de cada espacio. En parajes aislados, lo comerciantes itinerantes arribaban a los puestos solamente una o dos veces al año por el mal estado de los caminos. En otros casos en los que contactos con las familias eran más fluidos, la recorrida se realizaba de unas a tres veces al año dado que el acceso era más fácil y la disponibilidad de caminos era mayor. De este modo la venta itinerante cumplía una importante función social y económica en los parajes rurales alejados de los centros de consumo.
Los ambulantes tenían una gran flexibilidad en las formas de intercambio, por lo general no monetaria, mediante el trueque de animales y cueros. Era poco frecuente el uso del dinero, pues la práctica del trueque estaba generalizada y existían fuertes lazos de dependencia de los productores con los ambulantes, que a menudo fiaban artículos para el consumo doméstico. Asimismo, realizaban la venta fraccionada de mercancías y en pequeños volúmenes. En los relatos de los puesteros entrevistados, estos agentes aparecen como “un mal necesario”, ya que no tenían más alternativa que comprar los productos al precio que el vendedor disponía.
En algunos casos la llegada de los ambulantes a ciertos puestos promovía la realización de “fiestas” en las que se apostaba parte de la producción, se consumía alcohol y eventualmente se generaban peleas entre vecinos y/o violencia doméstica. De acuerdo con algunos testimonios se consumía alcohol y se apostaba la producción, de este modo se llevaban más animales que lo acordado:
                Y en ese entonces la gente timbiaba… y venían los camiones y se ponían a jugar ¡Días enteros timbiando!… ¿sabe la cantidad de animales que se moría?... Venían los camiones y se ponían a timbiar… tomaban y… cuando se quedaban sin plata… decían… “andá y carneá un chivo”…Vení… perdían en la timba… entonces le decía… “cargá 30 chivos…” y capaz que cargaban 50 y le pagaban 20! (criancero de Puelén).

Cambios en la figura de los “mercaderos”
Durante las décadas de 1970 y 1980, la figura del ambulante, siguió presente en algunos parajes como en la zona de Chos Malal o en Paso Maroma, sin disociar el rol de compradores de la producción y vendedores de bienes de consumo. Lentamente, la mejora en los caminos permitió que todo el espacio fuera recorrido con más asiduidad. El uso de camiones y camionetas, en reemplazo de los carros, unido a la apertura de picadas, posibilitó una mayor presencia de los ambulantes en los puestos. Las nuevas huellas y los mayores contactos con otros espacios, facilitados por las políticas públicas, permitieron la llegada de nuevos vendedores itinerantes, aunque no se rompió la dependencia con algunos.

Antes, si andaban más, pero por ahí de vez en cuando…por ahí pasan... antes sí, pero era muy caro… Ahí tiene mi hijo una camionetita… y el chico este también tienen un auto y nos llevan al pueblo… pero ahora se rompió (criancera y artesana de Paso Maroma).

Acá hay muy pocos mercachifles… por el hecho de que todos, o sea, casi todos acá tienen vehículos acá en la zona, fue cambiando muy mucho. La modalidad de los de los ambulantes fue cambiando… creo que siguen existiendo… o sea, siguen existiendo y hay  zonas que están, pero zonas más alejadas como Chos  Malal, más al sur (puestero de La Humada).

Sin embargo, en algunos parajes más alejados de los centros urbanos la presencia de los vendedores continúa siendo significativa. La mayoría de los “mercachifles” compran sus productos en Mendoza o en pueblos pampeanos y los venden en el ámbito rural. Todos aceptan el pago de dinero en el intercambio de mercancías. Por lo general, no existe competencia entre los ambulantes, pues cada uno se especializa en la venta de diferentes bienes de consumo y de servicios.
 Entre los rubros en los que se especializan se encuentran los siguientes: a) alimentos enlatados, empaquetados y deshidratados, frutas y verduras; b) vestimenta, calzado, ropa de cama, colchones y muebles; c) insumos para el trabajo (alambre, forrajes, alimento balanceado) y d) transporte de personas y realización de trámites en los pueblos. El traslado de personas es un servicio que posee un peso significativo entre las actividades que desarrollan los ambulantes, ya que la mayoría de las familias perciben asignaciones familiares y/o jubilaciones-pensiones del Estado, y debe desplazarse hasta los pueblos para cobrar.



Estrategias y desafíos
El oeste pampeano constituye un espacio en el que persisten formas de vida y de organización territorial  familiar y en las que las relaciones capitalistas adquieren también una configuración singular. Las modalidades de intercambio con los mercachifles e intermediarios expresan vínculos que van más allá del mero cálculo económico. A pesar de los sobreprecios de los productos, estas prácticas de intercambio persisten en las zonas rurales aisladas. Los vínculos históricos y las relaciones de conocimiento mutuo entre los ambulantes-intermediarios y las familias puesteras pueden explicar la continuidad de estas prácticas. Sin embargo, la mayor persistencia de la figura del ambulante en algunos parajes rurales respecto de otros, se asocia con los siguientes factores:
-          Aislamiento relativo de los puestos respecto a los pueblos.
-          Escasa disponibilidad de medios de transporte a motor en propiedad de los campesinos.
-          Inexistencia de transporte público/privado de pasajeros entre el paraje Chos Malal y los poblados cercanos (Puelén, La Humada, Santa Isabel).
-          Flexibilidad en las formas de intercambio. El ambulante o intermediario se ajusta a las diferentes posibilidades de pago que les ofrecen los puesteros (pago en dinero, con especias y/o toma de ganado como forma de pago).
-          Venta “fiado” con el cobro de intereses.
-          Comercialización de productos fraccionados y sueltos.
-          Facilidad en el acceso a los bienes de consumo “puerta a puerta”.
-          Discursos de los puesteros y los vendedores que justifican el alto precio de los productos por el flete y el mal estado general de los caminos. 

La alternativa de venta de los animales en el frigorífico de Santa Isabel, junto con las mejores comunicaciones hacia las localidades, han reducido la relación asimétrica entre comerciantes y productores. Sin embargo, las dimensiones sociales influyen a la hora de decidir a quién comprar los artículos de consumo y a quién vender la producción. Si bien se han generado políticas públicas destinadas a mejorar la comercialización de los caprinos a través de la construcción del frigorífico regional, que además busca para dar valor agregado a los productos, no se han alterado en forma significativa las relaciones de dependencia entre ambulantes y productores. La persistencia de una demanda estacional, el mal estado de los caminos y la atomización de los productores dificultan encontrar soluciones a esta problemática que impide un desarrollo regional integrado.

Dra. en Ciencias Sociales. Investigadora del CONICET/UNLPam



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