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| Publicado en Realidad Económica en agosto de 2015 | ||
La industria ha vuelto a ocupar, merecidamente, el centro del debate sobre el desarrollo económico argentino. Constituye, en efecto, la cuestión dominante, por dos razones principales. Por un lado, porque la construcción del sistema nacional de ciencia y tecnología requiere el desarrollo de las industrias que operan en la frontera del conocimiento. Por el otro, porque el déficit en el comercio internacional de manufacturas de origen industrial (DMOI) es la causa dominante de la insuficiencia de divisas, vale decir, la restricción externa. Este es el principal obstáculo al crecimiento de la inversión, la producción y el empleo y el disparador del ciclo de contención y arranque (stop & go) de la actividad económica. Crea, asimismo, expectativas negativas que impulsan la fuga de capitales y la inflación.
El debate sobre estas cuestiones quedo interrumpido en 1976, con el comienzo del cuarto de siglo de la hegemonía neoliberal. En aquel entonces, se discutía la llamada industrialización sustitutiva de importaciones (ISI), su trayectoria, limitaciones y futuro. La cuestión reapareció en el nuevo escenario creado por el cambio de rumbo de la política económica y el renovado énfasis en la industrialización, posteriores al 2002 En los últimos doce años, la recuperación del empleo y producción industriales, es notable. Pero ha vuelto a reaparecer la restricción externa, precisamente vinculada a las debilidades de la estructura industrial. Se plantean, entonces, dos cuestiones fundamentales. Por una parte, el régimen económico necesario para impulsar la inversión, el cambio técnico y el empleo industriales, a niveles crecientes de productividad, salarios reales y ganancias. Por la otra, la formación de la estructura productiva necesaria para eliminar el DMOI, concentrado en los sectores de mayor contenido de valor agregado y tecnología (autopartes, electrónicos, bienes de capital, productos químicos). Formación, asimismo necesaria, para sustentar un vigoroso sistema nacional de ciencia y tecnología, fuertemente integrado a la totalidad de la producción de bienes y servicios. Estas notas se ocupan de la segunda cuestión. Sobre la primera, sólo señalemos que es preciso un régimen macroeconómico (fiscal, pagos internacionales, monetario) consistente con la competitividad y la estabilidad necesarias para impulsar la inversión y la innovación, con pleno empleo, a niveles crecientes de productividad. Los antiguos principios Sobre la segunda, la estructura industrial, cabe observar que la ISI tuvo lugar en dos etapas. La primera, entre 1930 y 1976. La segunda, entre 2003 y la actualidad. En ambas, la ISI respondió a los siguientes principios: Primero, sustituir importaciones actuales, sin anticiparse a los cambios, en la oferta y la demanda, determinados por el progreso técnico. Es decir, sustituir el pasado. De este modo, las importaciones de nuevos bienes excedieron el ahorro de divisas producido por la producción local de importaciones. del pasado. Segundo, concentrarse en las manufacturas menos complejas. Esto generó un déficit creciente en el comercio internacional de los bienes de mayor contenido tecnológico y valor agregado. El énfasis del planteo desarrollista en las “industrias de base”, productoras de commodities (acero, aluminio), no alcanzó para eliminar el desequilibrio en las manufacturas más dinámicas en el comercio internacional, como los electrónicos y los bienes de capital. Tercero, dedicarse esencialmente el mercado interno, sin proyectarse al mercado mundial para generar, al menos, las divisas necesarias para abastecer de insumos y equipos importados al propio sistema industrial. Cuarto, delegar el liderazgo de la industrialización en las filiales de empresas extranjeras. La industria argentina es una de las más extranjerizadas del mundo. Las filiales generan más del 80 por ciento del valor agregado de las mayores empresas. El comportamiento de las filiales responde también a los tres principios anteriores. El déficit de sus operaciones externas, es parte principal del DMOI. A esto se agrega la transferencia de utilidades a las matrices y la distribución de rentas a través de los “precios sombra”, en el comercio intrafirma. Quinto, con mayor o menor grado de adaptación al medio local, delegar el liderazgo de la innovación en los conocimientos importados, a través de dos canales principales. Uno de ellos, las filiales que “importan” la tecnología de sus matrices, fundamentalmente en los segmentos menos avanzados, como sucede, por ejemplo, en la industria automotriz. En el sector electrónico, la producción local se reduce al ensamblaje de componentes importados. El otro, la dependencia de la inversión en bienes de capital en maquinarias y equipos importados, cuya tecnología responde a las condiciones propias de las economías de origen, no las argentinas. Estos fundamentos de la ISI son el origen de las debilidades de la industria argentina. Es decir, el DMOI y la escasa densidad tecnológica. Si a esto se agrega la inestabilidad institucional y de la política económica, en la primera etapa de la ISI y, luego, el genocidio industrial del periodo neoliberal, lo asombroso no es que existan los problemas actuales sino que, a pesar de todo, haya sobrevivido un sector industrial que es la plataforma de las transformaciones futuras. Sobre la base de los principios fundacionales de la ISI, antes mencionados, es imposible erradicar la restricción externa y convertir a la industria en la correa de transmisión, de la ciencia y la tecnología a la producción de bienes y servicios. Esa ISI está históricamente agotada y en contradicción, cada vez mayor, con las transformaciones del orden mundial. El concepto mismo de “sustituir importaciones” debe ser abandonado porque reduce la industrialización a abastecer el mercado interno. Es preciso, al mismo tiempo, exportar manufacturas en los sectores de mayor contenido de valor agregado y tecnología y, sobre estas bases, profundizar las relaciones al interior del “triángulo” de Sábato. Es decir, la asociación entre las políticas públicas, el sector productivo y el sistema nacional de ciencia y tecnología. Los nuevos principios Se trata, en definitiva, de formar un sistema industrial integrado y abierto sobre la base de principios que están en las antípodas de los de la ISI. A saber, Primero, sustituir el futuro no solo el pasado. Anticiparse a los cambios previsibles impuestos por el avance de la ciencia y la tecnología, incorporando en el tejido productivo las actividades que lideran el desarrollo, para abastecer el mercado interno y exportar. Como las economías avanzadas y emergentes, es preciso ser protagonistas, dentro de la división internacional del trabajo intraindustrial (a nivel de productos no de ramas) y la formación de cadenas transnacionales de valor. Segundo, rechazar la actitud resignada de especializarse en las manufacturas simples, bajo el supuesto que hay actividades que, por su complejidad, exceden las posibilidades del país. Con este criterio, China, Corea del Sur y las otras economías emergentes de Asia, no serían hoy economías industriales avanzadas. Por ejemplo, nada impide que Argentina cuente con una o más empresas terminales en la industria automotriz, para integrar las cadenas de valar con motores y componentes avanzados y, al menos, erradicar el creciente deficit externo del sector. Lo mismo puede afirmarse en las industrias vinculadas a las tecnologías de la información y la producción de bienes de capital. Tercero, aumentar las exportaciones de manufacturas, incluso en las actividades de mayor contenido de valor agregado y tecnología. Estos bienes y servicios constituyen la mayor parte y el componente más dinámico del comercio internacional. Las ventajas competitivas en las actividades de frontera, no están determinadas por la dotación actual de factores sino por la decisión política. La audacia debe ser un elemento esencial de la estrategia de desarrollo industrial, para integrar el territorio y las cadenas de valor. El país cuenta con los medios y capacidades necesarias para tales fines. Cuarto, fortalecer el protagonismo y el entramado de las empresas nacionales, en todas sus dimensiones, Pymes y grandes. No se construye un empresariado nacional y el desarrollo del país, delegando el protagonismo en las filiales de las corporaciones transnacionales. No hay empresarios nacionales sin un Estado desarrollista ni desarrollo sin empresarios nacionales. En ningún lado, a lo largo de la historia, el desarrollo ha tenido lugar sobre otras bases que la soberanía, el impulso privado y las políticas públicas. Es necesario un nuevo régimen de inversiones extranjeras. Los mejores referentes al respecto, son los existentes en China y Corea del Sur. Se trata de asociar a la inversión extranjera al proceso de transformación, orientándola a la incorporación de tecnología, la ampliación de los mercados externos y la vinculación con empresas locales. Sobre estas bases, las filiales dejan de ser causa para ser parte de la resolución de la restricción externa. Para estos fines es preciso erradicar el vocablo de uso frecuente “atraer inversiones”, que implica que el origen de la inversión es esencialmente extranjera, cuando, en la realidad, la fuente fundamental del financiamiento es el ahorro interno. A nivel mundial, las inversiones extrajeras contribuyen con 10 por ciento de la acumulación de capital fijo. El 90 por ciento restante se financia con ahorro interno de los países. Quinto, ampliar las bases del cambio tecnológico y la innovación propias, desplegar el triángulo de Sabato, vincular la educación con la capacitación de los recursos humanos necesarios para las ciencias básicas y la tecnología. Los gastos de investigación y desarrollo, en las empresas, las universidades, los organismos públicos pertinentes, son las inversiones de mayor impacto en el desarrollo económico y social. La creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, constituye una importante contribución en esta materia. El desarrollo de la producción local de bienes de capital, vinculada a la demanda de la economía argentina y a las oportunidades de exportación, es un componente insustituible del avance tecnológico y el desarrollo del país. La segunda etapa de la ISI y la misma ISI, llega a su fin, en un escenario más propicio que el del pasado, para la formación de una economía industrial avanzada, abierta e integradora de los sectores y el territorio. * Profesor emérito de la UBA. Suplemento CASH de Página/12 - 18 de agosto de 2015 |
Blog de la Cátedra Geografía de Argentina. Facultad de Ciencias Humanas. Universidad Nacional de La Pampa
martes, 25 de agosto de 2015
Nuevos principios de la estrategia industrial
martes, 24 de febrero de 2015
Derecho a la ciudad dinámica
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–En varias entrevistas usted señaló que las ciudades sin ningún conflicto no son las mejores para vivir, y que incluso por eso eligió criar a su hija en Manhattan. ¿Cuál es el punto justo de conflicto que una ciudad debe tener para ser un buen lugar para vivir? –Aunque no tengo una idea concreta de “buena ciudad”, creo que la organización urbana es siempre algo dinámico, un proceso en acción. En casi todas las ciudades hay conflictos sociales, y creo que una medida de eso es siempre saludable, porque significa que alguna gente piensa que hay que ir hacia un lado, otro grupo de gente cree que hay que ir hacia otro lado: a partir de eso, la población se entusiasma y trata de introducir cambios, y entonces la ciudad vive en medio de la dinámica. Claro que los conflictos pueden volverse violentos y se puede terminar como Belfast, por ejemplo, o con un gran muro que divida la ciudad y que ya no haya diálogo. Estos choques pueden tener salidas muy violentas, pero no me gusta pensar que todos debemos vivir armoniosamente, estar de acuerdo todos con todos: eso sería aburrido porque no habría ningún movimiento. –¿Qué ciudades le parece que sirven de ejemplo a esa dinámica tensa que no llega a un conflicto violento? –Bueno, una de las cosas que me gustan de vivir en Nueva York es su diversidad étnica. Por eso hay conflictos todo el tiempo y entonces tiene que haber negociaciones, de manera que la vida allí siempre es excitante, y de formas que no encuentro en otros lugares del mundo. Por otro lado, en ciudades como Nueva York actualmente los desarrolladores inmobiliarios, el gobierno urbano y los poderes financieros deciden constantemente qué pasará en la ciudad sin ningún tipo de consulta con el resto de la población: esa desigualdad todavía no está subrayada y debería estarlo. Pero en cuanto a la mezcla de ideas, Nueva York es muy estimulante. –Al respecto, especialmente en cuanto a desarrollos inmobiliarios, usted señaló varias veces que la parte más rica de la población está poniendo su plata en activos y no en fines productivos. ¿Cómo debería atraerse al capital para que vuelva a volcarse a esos objetivos? –Para empezar, una buena medida sería introducir cambios en el sistema de impuestos. Por ejemplo, gravar de manera más onerosa a los edificios de lujo. En Nueva York las reglas impositivas son muy perversas: los ricos pagan las tasas más bajas. Por otro lado, creo que las finanzas públicas deberían dirigirse no a proyectos pensados para los que tienen altos ingresos, sino a mejorar la calidad de vida de la masa poblacional: los presupuestos estatales benefician al capital más que a la población. –Una de sus reivindicaciones más frecuentes es el “derecho a la ciudad”, ¿en qué consiste? –Creo que todo el mundo debería pensarse como un ciudadano urbano que tiene el derecho de tratar de transformar el mundo en el que vive de acuerdo a sus necesidades y sus deseos. Eso traería conflicto entre quienes piensan la ciudad de una manera y quienes la ven de otra, pero como dije antes, es un tipo de conflicto saludable porque todos los involucrados podrán decir “estoy ejerciendo mi derecho a la ciudad, tratando de crear un ambiente en el que yo y la gente que quiero estemos bien”. Me parece que poder decir algo sobre el ambiente en el que uno vive es un derecho fundamental de los hombres y tiene que ser uno de los sentidos más profundos de la democracia urbana. Actualmente, en la mayoría de las ciudades, las decisiones más importantes las toman las elites, que deciden dónde va un shopping y dónde va un emprendimiento inmobiliario. Hay un déficit de democracia urbana que sólo va a ser remediado cuando los ciudadanos se unan y digan que todos tienen derecho a la ciudad, derecho a ser consultados para ver para qué lado queremos ir. Es muy importante educar a la gente dentro de su idea de ciudadanía para que se entienda que el derecho a la ciudad no es sólo individual sino también colectivo. Es imprescindible tener la libertad de modificar el entorno: lo hacen las hormigas, las abejas, creo que deberíamos estar capacitados para hacerlo. –En los últimos años y sobre todo en las ciudades está cambiando la estructura familiar, que ya no es tan nuclear, ¿cómo afecta esto al paisaje urbano? –Esto es un punto muy interesante porque la ideología del desarrollo urbano para poblaciones masivas se construyó, durante los últimos cincuenta años, bajo la idea de la familia nuclear, pensando además que es una buena institución en sí misma. Y si se rompe esa tradición, cosa que obviamente pasa, sobre todo en las ciudades, entonces aparece un problema con el que hay lidiar: los planificadores urbanos están muy intimidados porque la familia nuclear ya no es hegemónica. Creo que hay que desarrollar nuevas estructuras de derechos propietarios, más colectivos que individuales. Algo así como tener un edificio y decirles a los usuarios: “No podés vender tu departamento en el mercado pero tenés derecho a vivir ahí hasta que quieras y por un costo mínimo”. En algunas partes del mundo, hay colectivos de artistas que toman espacios de esta manera y aseguran: “Tenemos relaciones sociales pero no es familia; tenemos hijos pero no en la estructura familiar tradicional”. No hace falta ser increíblemente radical para pensar en nuevas estructuras de propiedad. Los conservadores van a decir que esto alienta a la gente a vivir colectivamente y abandonar así la familia, no lo van a poder tolerar, pero creo que es un momento muy interesante para ejercer una presión que legalice estas condiciones de vida. –En varias entrevistas usted señaló que el neoliberalismo no desapareció de Latinoamérica, a pesar de un fuerte discurso en su contra, ¿por qué ocurre esto? –La mayoría de los países de la región tuvieron una experiencia muy mala con el neoliberalismo, y tienen entonces una retórica muy fuerte y negativa al respecto. Desde lo teórico, se pueden dar charlas sobre lo mala que es esta doctrina y todo el mundo va a escuchar atentamente. Pero las prácticas neoliberales invadieron profundamente la estructura económica de la región, porque una de esas prácticas más frecuentes es la inequidad: no veo que se haga mucho al respecto, a pesar de que en países como Brasil o Argentina hubo cierta movilidad social. El poder del neoliberalismo para dominar no está realmente atacado, entonces me pregunto cómo la retórica anti-liberal va a transformarse en una práctica política real. Latinoamérica lo está discutiendo, pero decir que el neoliberalismo es malo no quiere decir que haya desaparecido. –¿Cuáles son las ideas de Marx que mejor resistieron el paso del tiempo? –Toda la estructura teórica de su trabajo es importante para entender críticamente qué nos pasa hoy, pero hay que reconocer que es una estructura incompleta y que mucho era tentativo. Además, cuando Marx escribía, solamente el cinco por ciento de la población vivía en la ciudad, mientras que ahora es el 50 por ciento: la pregunta urbana no era importante para él y sí lo es para mí. De todo su trabajo, lo más importante me parece la idea de la acumulación por la acumulación misma, de que el capital acumula por la riqueza y por el poder, y no por el bien de la Humanidad. El mundo está orquestado por esa acumulación que benefice al capital, y si no nos gusta, tendremos que luchar contra la necesidad de ese capital de acumular para siempre. Fuente: Revista Ñ - 9 de febrero de 2015. Realidad económica, febrero. |
lunes, 26 de enero de 2015
La fuerza del mar
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Qué inapropiado llamar Tierra a este planeta, cuando es evidente que debería llamarse Océano”, decía Arthur Clarke, el autor de 2001: una odisea del espacio. Claro que tenía razón: 75 por ciento de la superficie del planeta está cubierta de agua. Quizá por eso extraer energía de la fuerza de las mareas, las olas o los ríos es, además de un desafío, una de las grandes promesas de las energías alternativas y renovables. Argentina es una de las regiones más aptas para generar esta energía, ya que cuenta con una ribera excepcional sobre el Océano Atlántico que podría proveer, según se estima, un potencial energético de hasta 40.000 MW (la central atómica Atucha II producirá 692 MW). Y si bien los científicos estudian el tema desde hace años, hasta ahora nunca se intentó la explotación marina, sólo se aprovecharon las corrientes de los ríos. Hasta ahora, porque en poco tiempo más Y-Tec, la empresa conformada por YPF y Conicet, hará las pruebas de eficiencia de turbinas en el estuario del Río Gallegos y en Cabo Vírgenes. Y de tener los resultados esperados, podrían instalarse allí varias turbinas capaces de generar más de mil MW. Es una empresa cargada de futuro que da pasos agigantados para acercarse rápidamente a la actualidad. En mayo de 2012, cuando el Congreso debatía la estatización de YPF, desde los sectores opositores se levantaban voces criticando que el Estado argentino privilegiara recuperar la empresa petrolera por sobre otras “iniciativas prioritarias”, entre ellas la “diversificación de la matriz energética para disminuir la dependencia del petróleo y gas”, con la construcción de más “centrales hidroeléctricas, nucleares y nuevas energías renovables”. A fines de ese mismo año se formó Y-Tec, que viene a dar respuesta a esos cuestionamientos, ya que además de la generación de energía por fuerza mareomotriz, desarrolló un nanopolímero para reemplazar la arena especial que se utiliza en los yacimientos no convencionales y un sistema de extracción de litio que evita el uso de agua potable. En un país como la Argentina, donde el 35 por ciento de la oferta interna de energía primaria se obtiene a partir de petróleo y el 51,6 por ciento a partir de gas natural, no cabe duda de que el desarrollo de energías alternativas es una necesidad de cierta urgencia. “A principios de diciembre bajamos dos boyas, en Punta Loyola y en el Estrecho de Magallanes, para tomar lecturas del movimiento del mar. Con esos datos bajaremos, estimo que en julio, una turbina hidrocinética pequeña, de 4 KW, para medir el factor de carga y eficiencia. Pensamos que estará arriba del 90 por ciento, muy superior a una turbina hidráulica, que trabaja al 60 por ciento. Si lo comprobamos, bajaremos turbinas de hasta 50 MW, y en esas zonas podemos colocar 20 turbinas, de modo que generaríamos mucha potencia”, explica Gustavo Bianchi, director de Y-Tec. Doctor en Ciencias de los Materiales y con un postdoctorado en la universidad de Texas en Ingeniería de Petróleo y Geosistemas, Bianchi generó al menos diez patentes nacionales e internacionales, tres de las cuales son propiedad de YPF y Siderca. Las boyas fueron trasladadas a bordo del –y fondeadas desde– el buque Lenga: la primera, de origen canadiense, en el estuario del Río Gallegos; la segunda, proveniente de Noruega, en el Cabo Vírgenes, el límite bioceánico entre el Pacífico y el Atlántico, en el Estrecho de Magallanes. Ambas tienen instrumentos y sensores para medir corrientes, olas y mareas. La primera turbina que se usará es un desarrollo de INVAP, la misma empresa que diseñó el satélite Arsat-1 y que se ocupará de construir las turbinas adecuadas para la velocidad de las corrientes marinas en esas zonas. De acuerdo a Bianchi, el generador será el mismo pero tendrá distinto material para que resista el ambiente salino. “Una vez que tengamos todos los datos, haremos el caso de negocio. Estos pasos son necesarios para analizar la inversión y rentabilidad del proyecto. La ventaja es que hoy Ushuaia está aislada desde el punto de vista eléctrico, y con esto podríamos abastecerla de energía evitando el altísimo consumo de gasoil que tiene hoy. Pensamos que será rentable y en ese caso podríamos hacer un puente que una la Ruta 7 con el continente y colocar ahí las turbinas. Si todo funciona como pensamos, el puente se pagaría solo”, se entusiasma el funcionario. Pero la idea es que la explotación de ese negocio esté abierto a la inversión, podría ser de YPF –a través de YPF Energía– o de una tercera compañía que pagaría un royalty a Y-Tec por el desarrollo del proyecto y la incorporación de tecnología. La obtención de energía de la fuerza del mar es una pretensión de la humanidad de larga data. La primera instalación efectiva se realizó en Francia, en 1967 y funcionó durante 20 años. Generaba 500 GW al año, el equivalente a 300 mil barriles de petróleo. Pero ya sea que se busque aprovechar las mareas, las olas o las corrientes, los costos son altísimos, ya que requieren la construcción de embalses que permitirían en el caso de mareas, tener energía también en pleamar (cuando las aguas bajan). La diferencia de niveles a ambos lados del dique es el principio de conversión de energía eléctrica. “Argentina tiene una topografía y una ribera excepcional y diferente al resto del mundo –señala Bianchi–. Por eso buscamos dos puntos en los que no necesitamos hacer construcciones. En Punta Loyola el crecimiento de la marea va por el Río Gallegos, de modo que no debemos invertir en un embalse, sólo bajar la turbina. En el Estrecho de Magallanes o el Canal de Beagle la cuestión es similar a la explotación hidráulica, se necesita un río y un embalse, pero allí el embalse es el Océano Atlántico o el Oceáno Pacífico, la corriente es continúa. Y lo más importante: la energía hidráulica depende el efecto Niño/Niña: si hay sequía no se genera energía y si llueve mucho se genera pero también se sufren inundaciones. En las energías provenientes del mar el sistema funciona siempre, a menos que desaparezca la Luna. Y si eso sucede, vamos a tener otro problema”, dice entre risas. Aunque al evitar las construcciones también se evita en gran medida el impacto ambiental de estos proyectos, Y-Tec trabaja en conjunto con el CENPAT (Centro Nacional Patagónico, ubicado en Puerto Madryn) para que sus científicos –de áreas tan diversas como biología, química, ingeniería hidráulica, etc.– determinen en qué áreas pueden instalarse las turbinas sin alterar la vida de lobos marinos, pingüinos, o cualquier otra especie animal. “También hay oceanógrafos que estudian el movimiento del lecho marino –agrega el director de Y-Tec–, para indicarnos en qué lugar debemos bajar las turbinas porque si el lecho me tapa la turbina, obviamente no funcionará. Es un equipo multidisciplinario de más de 25 científicos de todas las orientaciones”. Proyecto mareomotriz tiene una duración de 3 años, prevé la reubicación de las boyas y la adquisición, configuración y emplazamiento de vehículos submarinos y superficiales autónomos y un Lander, que serán utilizados en el estudio de los estuarios del Río Gallegos y el Río Santa Cruz, Cabo Vírgenes, Punta Dungeness, Cabo Espíritu Santo, Bahía San Sebastián y Canal de Beagle. El desarrollo de tecnologías y conocimientos en el área de petróleo y gas son parte de la misión de Y-TEC, y allí también la empresa ya tiene resultados promisorios: en conjunto con la Universidad de Buenos Aires (UBA) desarrolló un agente sostén ultraliviano –a nivel popular “arena sintética”– para utilizar en la explotación de yacimientos no convencionales. “Es un polímero hecho con nanopolímeros y nanopartículas de carbón. Estamos construyendo una planta piloto pequeña para hacer las pruebas definitivas, pero el producto es más resistente que la arena que se utiliza hoy y tiene una densidad similar a la del agua. La planta estará terminada para julio, elaboraremos 300 kilos de este agente, haremos la prueba de campo y si funciona, pasaremos a una planta industrial”, resume Bianchi. Tal como en la energía mareomotriz, el negocio estará abierto a la inversión privada, en tanto Y-Tec cobrará un royalty por el desarrollo. Los yacimientos no convencionales son aquellos en los que el petróleo y el gas no fluyen libremente una vez hecha la perforación, ya que ambos elementos están atrapados en la roca madre. La técnica para explotarlos (fracking) es inyectar agua a muy alta presión para agrietar la roca madre y permitir la extracción de los fluidos. Pero, si no se sostienen, esas grietas se sellan cuando se detiene la bomba de presión hidráulica. Por eso es necesario que junto con el agua se inyecte un agente de sostén que mantenga abierta la grieta. En la actualidad se utilizan arenas seleccionadas que, en general, se importan de China. “No sólo tendremos un ahorro en las importaciones –señala Bianchi exultante–, sino que por ser más resistente, este agente permitirá mejorar la producción esperada de los yacimientos no convencionales. Eso es lo que se ve en los ensayos. Por ahora estamos produciendo en la planta piloto de Y-Tec, pero luego veremos si hay Pymes interesadas en invertir”. Otra vez: la empresa recibirá un royalty, que de acuerdo al volumen de la producción, puede oscilar entre 0,5 y 5 por ciento del valor de venta del producto. Y queda todavía un área más en la que Y-Tec aporta tecnología y conocimiento: el litio. “Seremos el primer país de Centro y Sudamérica en fabricar baterías de litio para autos, relojes, computadoras, motos. Estamos desarrollando una patente que viene de la UBA-Conicet, para un sistema de extracción que baja drásticamente el consumo de agua dulce”, explica Bianchi. El litio se extrae de las salinas y el proceso está concesionado por las provincias a diversas empresas. Históricamente la extracción requiere de agua para precipitar el carbonato cuando se produce la evaporación. Millones de litros de agua se pierden por cada tonelada de litio, y además, el paso final es un tratamiento químico contaminante. La expectativa es que en poco tiempo más esas compañías utilicen el sistema desarrollado por Y-Tec, ya que acelera el tiempo de obtención en seis o siete meses. “Pero además –aclara el directivo– procesaremos parte de esas extracciones para construir baterías. Ya hacemos la pasta, el ánodo, el cátodo y la membrana. La idea es que en mayo tengamos un producto visible, para empezar a tratar con los fabricantes de autos. A futuro podríamos traer al país autos híbridos, por lo tanto las estaciones de servicio de YPF además de vender combustible, tendrán un lugar para enchufarse”. No será el futuro de Odisea del espacio, pero para un país que hasta hace poco más de 10 años tenía a la mitad de su población bajo la línea de pobreza, parece ciencia ficción. Revista Veintitrés - 15 de enero de 2015 |
lunes, 15 de diciembre de 2014
El modelo de las fábricas recuperadas crece en Europa
Por Manuel Alfieri
Sólo en la Madre Patria el año pasado 75 empresas pasaron a manos de sus propios trabajadores. El modelo de autogestión como forma de defensa de los puestos de trabajo.
Hace cerca de 20 años fue en Argentina. El menemismo llevó a que miles de trabajadores buscaran nuevas salidas para hacer frente al neoliberalismo. Tuvieron que improvisar con creatividad para gambetear los años de flexibilización laboral y ajuste permanente. Luego vino el estallido de 2001: un país en llamas, sumergido en niveles inéditos de miseria y desempleo. Otro golpe. Otra vez hubo que reorganizarse. Repensar el presente y el futuro. Arremangarse la camisa o acomodarse el casco para afrontar una nueva etapa. Y así, de todo ese proceso, surgió de estas tierras un nuevo concepto: el de "fábricas recuperadas". Dos palabras que, lentamente, se expandirían hacia otros rincones del mundo ante situaciones similares, publicó Tiempo Argentino.
La experiencia argentina, donde actualmente hay más de 300 empresas recuperadas, se propagó primero por Latinoamérica. Poco después se convirtió en fuente de inspiración para Europa, donde por estos días la recuperación de empresas aparece cada vez más como una respuesta a las consecuencias del ajuste. Así lo indica la Confederación Europea de Cooperativas de Trabajo (CECOP), cuyos últimos informes señalan el crecimiento del fenómeno.El año pasado, más de 150 empresas que estaban por desaparecer fueron recuperadas por sus trabajadores en el Viejo Continente y volvieron a funcionar gracias a la autogestión.
"La importancia de las cooperativas fue olvidada hasta la crisis", afirmó el comisario europeo de Empleo, Asuntos Sociales e Inclusión, Laszlo Andor, cuando participó en enero de este año del encuentro en Marsella que reunió a representantes de fábricas recuperadas de Europa y Latinoamérica. El hombre destacó el papel que puede jugar el modelo de recuperación de fábricas a la hora de la inserción social, en un momento "en el que el desempleo exige explorar todas las vías para crear trabajo".
Según los datos de CECOP, de las 150 empresas recuperadas el año pasado en Europa, la mitad son de España. Una de ellas es Profinox, una fábrica de aceros inoxidables de Murcia que cerró sus puertas en 2012. Los trabajadores quedaron en la calle, pero recibieron como indemnización las maquinarias de la empresa. Con ese capital en las manos, formaron una cooperativa y reflotaron el negocio. Ahora ya no habría un jefe y varios empleados con inmensas diferencias salariales, sino que todos cobrarían lo mismo.
Otro caso emblemático es el del diario Público, que al momento de su cierre, en febrero de 2012, era un periódico impreso, de tirada nacional. Cuando dejó de editarse, el 90% de sus trabajadores quedaron sin trabajo. Fueron ellos mismos quienes armaron la cooperativaMás Público y pusieron en funcionamiento el diario de manera digital.
Proyectos similares, aunque con sus matices, se repiten en muchas regiones del país ibérico. Ycada vez generan mayores beneficios. Durante el primer semestre de 2012, por ejemplo, las empresas recuperadas españolas crearon un 200% más de empleo que en el mismo período de 2011. Fueron unos 8000 puestos de trabajo en un país en el que el desempleo afecta a más de 6 millones de personas, el 26% de la población económicamente activa.
El beneficio no es sólo económico, sino también humano. "La persona se ubica en el centro. El capital es subordinado al trabajo, cuando en el resto de las empresas el capital es lo más importante", explicó el presidente de la Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado (COCETA), Juan Antonio Pedreño, quien además recordó que en ese esquema "una persona es un voto, independientemente del capital que tenga dentro de la empresa".
Italia es otro de los países en el que el movimiento de recuperadas crece al calor de la crisis. De la resistencia contra el neoliberalismo vernáculo surgió una empresa autogestionada que, hasta el momento de su quiebra en 2011, era un taller de reparación de trenes dirigido por su propietario. Un año después de que fundiera, los últimos 33 obreros despedidos decidieron tomar la fábrica. Consiguieron gran apoyo barrial y estudiantil. Y lograron poner en marcha el proyecto Officine Zero. "Cero explotación, cero patrones y cero contaminación", es su lema.
Francia cuenta con Fralib, una fábrica de té cerrada en 2010 bajo el nombre Elephant.Pertenecía a la multinacional Unilever, que decidió bajar las persianas en tierra gala para trasladar la producción a Polonia, donde la mano de obra es más barata. Unos 180 trabajadores quedaron en la calle, pero rápidamente ocuparon la fábrica.
El 26 de mayo pasado, tras más de 1336 días de protestas, los empleados de Fralib obtuvieron una victoria histórica en la batalla legal contra Unilever y reflotaron la producción. Además, consiguieron que la multinacional los indemnice con 20 millones de euros por los daños causados. Ahora no sólo trabajan sin patrón, sino que remplazaron las sustancias químicas por productos naturales y orgánicos provenientes de cooperativas de productores locales.
Experiencias similares se expanden hacia otros países como Grecia, donde la crisis pegó mucho más fuerte que en otros pagos. En la ciudad industrial de Salónica, los trabajadores de la fábrica Vio.Me fueron despedidos en 2011 cuando la fábrica cerró. Desesperados por la delicada situación en la que se encontraban, decidieron tomar las instalaciones y controlar la producción con sus propias manos.
A partir de entonces comenzaron a relacionarse con otras experiencias similares de todo el mundo. Dieron su fraternal solidaridad al Hotel Bauen, de Buenos Aires, recuperado por sus trabajadores y en situación de riesgo constante por una orden de desalojo que continúa vigente. Además, asumieron el trabajo con sus propias reglas. Piensan la producción en términos de necesidades de la comunidad y se manejan cotidianamente en base a prácticas de democracia directa.
"Cada día nos encontramos en la fábrica y decidimos en asamblea durante la primera hora de trabajo las actividades del día", cuenta Dimitris, un trabajador de Vio.Me, que agrega: "Una vez al mes tenemos la asamblea general de todos los integrantes de la cooperativa, en la que tratamos todos los temas de gestión, producción y las cuestiones políticas en conjunto”. Entran a trabajar a las 7 de la mañana y salen a las 3 de la tarde. "Estábamos acostumbrados a trabajar para otros. Ahora lo hacemos para nosotros", resalta Alexandros, otro trabajador de Vio.Me.
Como él, cada vez más trabajadores ven en la autogestión una forma de enfrentar las penurias generadas por el capitalismo más salvaje. Y por eso están conformando una red de relaciones que tiene consecuencias impredecibles. Quizás, como dice el antropólogo argentino y estudioso de este fenómeno Andrés Ruggeri, "la estrategia de recuperación de empresas llegó para quedarse, como una más –y cada vez más importante– de las herramientas de lucha de los trabajadores para defender sus intereses inmediatos y, por qué no, para avanzar en la conformación de una economía alternativa a la capitalista, con lógicas de crecimiento que no privilegian la acumulación sino el trabajo, que al fin y al cabo es lo único que poseen los trabajadores y, al mismo tiempo, su principal y enorme fortaleza".
El emblemático caso del Bauen
El caso del Bauen es emblemático. El histórico hotel argentino fue construido en 1978 con un crédito de la dictadura militar que jamás fue pagado por la familia propietaria, los Iurcovich. En el año 2001, la empresa quebró y dos años, después, en 2003 fue recuperada por sus trabajadores, que pasaron a administrar el edificio en clave cooperativa.
Sin embargo, los Iurcovich continúan reclamando el inmueble como propio. Algo que fue legitimado por la justicia en reiteradas ocasiones, inclusive con órdenes de desalojo incluidas, a pesar de que las deudas acumuladas por los ex propietarios alcanzan los 85 millones de pesos.
Pero producto de la incansable lucha de los trabajadores, el Ministerio de Economía (organismo donde se encuentran radicadas esas deudas) se presentó por primera vez en el juzgado comercial donde se tramita el litigio por el inmueble, con la intención de recuperar aquellos créditos impagos. El interés por parte de Economía fue acompañado por la presentación de un proyecto de ley de expropiación en el Congreso Nacional, de la mano del diputado Andrés Larroque. “De esa manera, parece cobrar forma la solución política que tanto reclamaron los trabajadores del Bauen durante estos 11 años de lucha”, aseguró Federico Tonarelli, vicepresidente de la cooperativa.
Industria nacional
En Argentina hay 311 empresas recuperadas, según el último relevamiento del programa Facultad Abierta de la UBA, que con el antropólogo Andrés Ruggeri a la cabeza investiga el fenómeno desde hace más de diez años. Los datos que registra el Ministerio de Trabajo de la Nación, que les da apoyo y fomento, indican que estas fábricas dan trabajo a 13.462 personas.
Entre 2010 y la actualidad, en el país hubo 63 nuevas empresas recuperadas. Ocupan casi todo el territorio nacional, ya que están en 21 de los 24 distritos del país.
El fenómeno nació a fines de los años '90, a calor de las privatizaciones y la flexibilización laboral, y creció después de la crisis desatada durante el gobierno de la Alianza.
El 20 de diciembre de 2001, el entonces presidente Fernando de la Rúa abandonó la Casa Rosada en helicóptero. A partir de allí se iniciaría un nuevo período de recuperación de fábricas abandonadas por sus dueños. Es el caso de Viniplast, una empresa recuperada en 2002 y dedicada a la producción de telas plásticas. Se destacan también los casos del histórico Hotel Bauen y de la imprenta Chilavert.
Cumbres de autogestionados
Durante los últimos dos años, Europa fue uno de los escenarios en los que el movimiento internacional de fábricas recuperadas se reunió para debatir perspectivas y desafíos, así como también tender puentes políticos y de solidaridad. El primer encuentro se produjo en noviembre del año pasado en Roma. Pocos meses después, en febrero de este año, los obreros, activistas, militantes e investigadores de Europa y América Latina se reunieron en Marsella. Lo hicieron en la emblemática fábrica Fralib, donde discutieron estrategias para fortalecer la autogestión.
Bajo el nombre de "Encuentro regional euro-mediterráneo de Economía de los Trabajadores", se generó un espacio de debate, investigación e intercambio impulsado por el programa Facultad Abierta de la UBA. El próximo encuentro será en Venezuela, en julio de 2015.
Fuente: Infonews, 13 de diciembre de 2014.
domingo, 2 de noviembre de 2014
Cuevas cambiarias en medio de la Pampa Húmeda
ECONOMIA › EL ROL DE LAS ACOPIADORAS DE CEREALES EN LA RETENCION DE GRANOS Y SU RELACION CON LOS AGROEXPORTADORES
El debate sobre la responsabilidad y la legitimidad
de la retención de granos que afecta el ingreso de divisas al país sigue
latente, a pesar del acuerdo con las cerealeras para el ingreso
anticipado de 5700 millones de dólares en este trimestre.
El
acuerdo alcanzado entre las cámaras de exportadores de cereales y el
Gobierno, en base al compromiso de liquidar exportaciones por 5700
millones de dólares durante este cuarto trimestre, despejó
transitoriamente el riesgo de acogotamiento del país por escasez de
divisas. A la vez, supuso una postergación del debate acerca de la
conveniencia o factibilidad de crear una agencia nacional de
comercialización de granos que recupere en parte las funciones de
regulación y de actor testigo que tenía, durante su existencia, la Junta
Nacional de Granos. Por debajo de estas decisiones, sin embargo, sigue
latente una discusión de fondo sobre las responsabilidades y legitimidad
en las operaciones de retención de granos con destino a la exportación,
y qué debería hacer el Estado para prevenirlos. Algunas expresiones del
sector exportador han insistido en que no son las cerealeras que
procesan y venden al exterior las que están en condiciones de retener el
producto, ni se beneficiarían con ello. Señalan, en cambio, que es el
productor quien “decide” el momento en que pone el grano en
disponibilidad del agroexportador, siendo en consecuencia este último un
sujeto pasivo en aquella maniobra. Varios testimonios de especialistas
ligados estrechamente a la producción –en rol profesional o como
dirigentes– dan cuenta, aunque con pedido de reserva de la fuente, de
que la clave del negocio debe buscarse en los acopiadores, dado el
vínculo comercial con el que condicionan al productor, y dada la
relación social que mantienen con las grandes exportadoras, aunque
formalmente se presenten como unidades independientes. “Esas son las
cuevas donde se define, a través de la retención de granos, la tendencia
o las presiones sobre el mercado cambiario”, sostuvo concluyente una de
las voces consultadas.
Tanto los profesionales no ligados a las grandes empresas agrícolas
como los dirigentes sectoriales más cercanos a los pequeños productores e
incluso algunos transportistas del rubro, coinciden en señalar que el
peso creciente de las acopiadoras en zonas rurales “cambió el panorama”
de la comercialización de granos en los últimos años. “Salvo que el
productor esté asociado a una cooperativa, no tiene opción a vender que
no sea a través del acopiador de la zona. Usualmente, la venta se hace
con precio a fijar en 90 días, es decir, el productor entrega el grano
físico al acopiador que lo ensila o lo mete en celdas (galpones
cerrados), y el productor puede decidir, según la cotización vigente, el
día que resuelve realizar la venta. Si llega el día 91 y no vendió,
empieza a pagar el costo de almacenaje, pero el grano ya no le
pertenece: se lo asegura el acopiador.”Sobre este tipo de operaciones debería llevarse un registro, a través de un documento denominado “formulario de depósito de granos”, que es el que le permite al productor hacer valer sus derechos para el posterior cobro. La emisión de estos documentos fue concesionada a favor de la Federación Agraria Argentina y la Federación de Acopiadores de Cereales, por lo cual el Estado debería tener un seguimiento estricto del stock físico de granos “con precio a fijar” a través de las entidades que presiden, respectivamente, Eduardo Buzzi y Fernando Rivara. Este último hermano del ex diputado y ex secretario de Asuntos Agrarios bonaerense, Raúl Rivara, muy cercano, entonces y ahora, a Felipe Solá.
Al hacer la consulta sobre la vinculación entre las firmas acopiadoras y las principales firmas exportadoras, la referencia es unánime: la cadena de comercialización muestra cada vez mayor integración vertical. “No son eslabones separados. En general, en toda la Pampa Húmeda, son firmas vinculadas a las grandes exportadoras o a una industria procesadora. Trabajan o compran para ellos. Las exportadoras más grandes pueden tener 60 o 70 acopiadoras en el interior, en zona rural, fuera de las zonas de puerto donde se da otra etapa del acopio. Una vez que reciben el grano, aunque el productor demore 90 días en fijar el precio, ya tienen asegurado el producto, ya es en la práctica de ellos. Esto no quiere decir que no exista retención de granos del productor en su propio campo en silobolsa, sin costo de infraestuctura, pero eso lo puede hacer sólo quien tenga suficiente espalda para no vender y esperar. El agricultor real, el que vive en el campo donde produce, va a vender, apenas la levanta, la mitad de la producción, y podrá entregar la otra mitad al acopiador con condición ‘a fijar precio’, pero no puede especular más allá de eso.”
El otro dato que marca un cambio de época en el negocio agrícola es la extensión de las operaciones de las firmas acopiadoras, hacia la comercialización de la semilla y los agroquímicos (en general, “en paquete”) e, incluso, directamente en la producción mediante el alquiler de los campos y el trabajo de “contratistas” con maquinaria propia que hacen la tarea de siembra y cosecha. Dependiendo de a quién se considere el dueño o controlante de la firma acopiadora, se abre la discusión sobre si los exportadores o las industrias procesadoras tienen o no producción propia. Una condición que las exportadoras, cuando se las consulta, niegan poseer.
Fuente: Página 12, 2 de noviembre de 2014
jueves, 21 de agosto de 2014
Campo adentro
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Un árido camino prepara el encuentro. Kilómetros de paisaje dominado por la soja y el maíz sembrados a gran escala agotan la vista. De golpe, manchones de monte irrumpen en la escenografía. Los árboles, añosos, se muestran dignos ante la avanzada de la agricultura moderna. Una tranquera da la bienvenida. A unos 100 metros, un rancho. Adentro, una mujer, campesina, símbolo de la resistencia a los desalojos rurales: Ramona Orellano de Bustamante, de 88 años.
Para leer el artículo completo así clik acá:
http://www.iade.org.ar/uploads/c87bbfe5-1241-ea2d.pdf
Fuente: Revista Realidad Económica, agosto de 2014
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martes, 15 de julio de 2014
Sólo con políticas activas
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Las medidas de fomento implementadas, como el Pro.Cre.Ar o el reciente Pro.Cre.Auto, resultan dinamizadoras y tienden a generar impactos positivos en los sectores involucrados. Sólo manteniendo el poder de compra popular la economía podrá seguir avanzando. No obstante, el crecimiento productivo tiende a generar una mayor demanda de importaciones, y aquí aparece la cuestión de la restricción externa, dado que aún se mantiene la estructura productiva desequilibrada, según la definió Marcelo Diamand; ésta obliga a coordinar las políticas monetaria, cambiaria y productivas. En este entorno, el caudal de exportaciones es definitorio. Para fomentarlo resulta deseable mantener el tipo de cambio real multilateral en los niveles a los que llegó en enero de este año, al igual que se requieren políticas productivas de fomento a las exportaciones. No obstante, dada la suspensión para el atesoramiento de divisas, salvo el margen permitido mensualmente por la AFIP, y la devoción argentina por el ahorro en dólares o en algún sucedáneo, como el estoqueo de productos exportables, el estímulo para liquidar divisas se encuentra vinculado, aunque no únicamente, a una tasa de interés por depósitos a plazo fijo no muy alejada de las tasas de inflación. Y allí se produce un maridaje entre las tres políticas mencionadas. Para compensar las altas tasas del momento, el BCRA está utilizando las nuevas capacidades y objetivos de la Carta Orgánica de 2012 para orientar el crédito a través de la línea para la inversión productiva, la regulación de las comisiones bancarias y de las tasas de interés a los préstamos a las personas, herramientas que tienen una alta potencialidad para darle un sesgo positivo a la actividad económica, y resulta deseable que se continúen generando nuevas políticas activas desde la autoridad monetaria. Es necesario pensar en distintas regulaciones, novedosas, que garanticen los saldos exportables necesarios, evitando un excesivo incremento en los stocks de bienes exportables, junto con políticas de incentivación y mejora de la producción, y la determinación de márgenes “razonables” en las distintas etapas de las principales actividades productivas. Estas son medidas factibles, aunque no son de fácil implementación, luego del desarme del Estado activo que se verificó durante los neoliberales noventa. No significa reponer los organismos regulatorios que fueron cerrados, sino crear otras instituciones o reglamentos adecuados al momento actual, incorporando el concepto de democracia participativa, tanto en la definición de los instrumentos y organismos, como en su administración, con la necesaria participación estatal, compartida con los productores y consumidores. Este concepto de participación democrática está siendo positivamente utilizado en la implementación del programa de Precios Cuidados, y sería deseable una mayor profundización. De la misma forma, el diseño de una política industrial sustitutiva de importaciones debe gestarse desde el trabajo profundo entre el Estado y los distintos sectores involucrados. Una reforma fiscal con un profundo sesgo progresivo y que fomente la actividad de las pymes es una condición indispensable para seguir avanzando, como también lo es la necesidad de derogar la ley de entidades financieras de la dictadura, por una ley pensada para los usuarios de servicios financieros. No son cuestiones de fácil resolución, pero es la alternativa a otra solución presentada como mucho más simple y eficiente, la libertad de los mercados, cuyos atroces resultados ya conocemos. Página/12 - 7 de julio de 2014- Realidad Económica. |
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