jueves, 27 de octubre de 2016

La industria, cada vez peor

 CONTRACCION DEL 8 POR CIENTO EN SEPTIEMBRE, UNA DE LAS MAYORES DEL AÑO

La consultora liberal FIEL advirtió que la actividad fabril no encuentra piso en su caída. También hubo una baja contra agosto, del 2,6 por ciento. Autos, línea blanca y bienes de capital, los más afectados.


La actividad industrial cayó en septiembre 8 por ciento en relación al mismo mes de 2015, lo que supone una de las peores marcas del año, según los datos de la consultora liberal FIEL. Además, redujo su nivel frente a agosto un 2,6 por ciento sin tener en cuenta factores estacionales. El peor desempeño fue para los bienes de consumo durable, como línea blanca y autos, seguido por bienes de capital, que sirven de termómetro de la inversión, y los bienes de uso intermedio. Los sectores que más cayeron fueron automotor y siderurgia. Al contrario del discurso oficialista, la baja de la industria no encontró todavía su piso, a raíz de la tracción negativa del consumo por la baja de salarios, la crisis de Brasil y el aumento de importaciones.
Ante la fuerza de los hechos, el Gobierno dejó a un lado el planteo acerca de los supuestos brotes verdes. Según FIEL, una consultora ideológicamente cercana al macrismo, el tercer trimestre cerró con una caída del 6,9 por ciento en relación al año pasado, unas décimas mejor que la merma del 7,3 por ciento del segundo trimestre. La baja del 8 por ciento en septiembre estuvo en el escalón más bajo del año junto a la caída del 9,2 por ciento de junio y del 8,6 por ciento de julio.
Los bienes más castigados fueron los de consumo durable, con una caída del nivel de actividad del 11,2 por ciento interanual en septiembre. Se trata de los sectores de línea blanca, equipamiento para el hogar, autos y motos, entre otros. Ese desempeño tiene que ver por un lado con el impacto en el consumo de la caída de los salarios reales, que deterioraron poder de compra. Pero además se trata de rubros en donde se verificó un incremento de la participación de los artículos importados en detrimento de la producción nacional.
La producción de bienes de capital bajó el mes pasado un 12,9 por ciento frente al mismo período del año pasado, lo que refleja que el desplome de la inversión todavía no cesó. En este punto pesa no sólo la baja expectativa de venta del empresariado, que posterga las decisiones de compra de equipamiento para la producción, sino las altas tasas de interés que vuelven menos atractiva esa posibilidad ante la colocación financiera. La producción de bienes intermedios cayó 8,8 por ciento.
La producción de bienes de consumo no durable, más indispensables para el día a día, cayó un 4,1 por ciento interanual. Una parte importante de ese segmento se encuadra en el consumo masivo, que según el último informe de la consultora privada CCR cayó el mes pasado un 7,3 por ciento. En los supermercados y los comercios de cercanía la merma fue la mayor del año, del 8,1 por ciento.
En el desagregado por sectores, la siderurgia cayó en septiembre 19,6 por ciento interanual y el mes anterior había bajado un 27,4 por ciento. El sector automotor también registró una baja del 19,6 por ciento, mientras que la fabricación de cigarrillos cayó un 13,1 por ciento. En tanto, químicos y plásticos bajaron 9,2 por ciento; insumos para la construcción lo hicieron en un 8,3 por ciento y la metalmecánica, un 7,3 por ciento. En el rubro de alimentos y bebidas la caída fue del 2,8 por ciento; en textiles, del 0,9 y en pasta y papel, del 1,6 por ciento.
Otro de los factores que explican el derrape industrial es la situación de Brasil. En agosto, la actividad económica en el país vecino cayó 0,9 por ciento en la comparación mensual, el peor resultado de los últimos quince meses. En el año acumula una merma del 5 por ciento sobre una base de comparación baja, ya que en 2015 la economía mostró una retracción del 3,8 por ciento, la mayor caída de los últimos 25 años. En este punto también el Gobierno argentino quedó en offside, con su pronóstico de que Brasil había entrado en fase de recuperación.
Fuente: Página 12, 27 de octubre de 2016.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Un espacio de explotación económica

Por Carlos Heller


La superficialidad con la que el presidente Mauricio Macri y su gabinete abordaron el tema Malvinas, con anuncios sobre la discusión de la soberanía y sus desmentidas posteriores, es una consecuencia de su matriz neoliberal: allí la soberanía es un tema menor, no prioritario, casi una molestia ante temas más relevantes como la “inserción en el mundo” y los estímulos a los grandes jugadores económicos locales y mundiales para que elijan a nuestro país como territorio para sus inversiones.
Ya en 1997 el actual Presidente lo decía sin eufemismos: “La verdad es que los temas de las soberanías con un país tan grande como el que tenemos nunca los entiendo mucho. Nosotros no tenemos un problema como los israelíes que tienen problemas de espacio... creo que las Islas Malvinas serían un fuerte déficit adicional para la Argentina”.
Gobernar es asegurarle a “los mercados”, es decir a los grandes jugadores económicos locales y mundiales, libertad de movimientos en un mundo sin límites geográficos. Siguiendo este punto de vista, ya lo hemos dicho, Macri propone un Estado que se comporta como un canchero: como el que prepara la cancha –crea todas las condiciones– para que los actores privados jueguen su juego de maximización de beneficios.
Desde esta perspectiva, la dirigencia neoliberal en el mundo –el macrismo entre ellas– tiende a expresar más los intereses de las grandes corporaciones trasnacionales –a las que hay que seducir respondiendo exactamente a sus demandas– que a los intereses nacionales. Por eso, Macri no entiende los temas de soberanía, los trata con liviandad, se confunde de tal modo que nos produce vergüenza como argentinos. Porque la soberanía de las Islas es un tema que está obligado a abordar como Presidente, por el fuerte peso en la sensibilidad y la cultura de los argentinos, pero que no forma parte de su estrategia de gobierno. La soberanía de Malvinas no sólo no es parte de su rol de “canchero” sino que de algún modo lo interfiere. Su agenda es la que acordaron su canciller, Susana Malcorra, y el vicecanciller británico, Sir Alan Duncan: entre otras cosas, la revisión de la legislación argentina que limita la explotación económica británica en la plataforma continental argentina del Atlántico sur. Nada más y nada menos que la remoción de las disposiciones jurídicas o legislativas que defienden el interés nacional en la zona en litigio, para que los grandes jugadores económicos puedan jugar sus partidos libremente.
Sir Duncan fue concluyente: el diálogo no incluye la cuestión de la soberanía porque el Reino Unido continúa con su fuerte apoyo al derecho de los isleños a su autodeterminación y no habrá cambios en ese aspecto a no ser que los isleños así lo deseen. Entonces, ¿cuál es el núcleo de la agenda del diálogo? La revisión de las medidas que restringen la industria del gas, el petróleo, la pesca y el embarque en el área de las Islas.
De este modo, queda en evidencia el contenido que el macrismo le atribuye a la palabra diálogo: es el intercambio entre dos partes en torno al interés de una sola de ellas. Nada de soberanía. Y sí discusión sobre los temas que les interesan al Reino Unido y a los grandes jugadores económicos mundiales. En este contexto, por supuesto, la ampliación de los vuelos a las Islas no parece un tema trascendente.
El macrismo aplica la misma palabra, con el mismo contenido, a los trabajadores argentinos: los llama a dialogar con la agenda de una sola de las partes –la de los empresarios –la que conduce a la reducción de sus salarios reales. El diálogo así planteado, sobre la agenda y el interés de una sola de las partes, es la negación del diálogo o su imposibilidad. Es rendición incondicional: pura aceptación.
En ambos casos, el macrismo es el canchero que convoca a escenografías de diálogo para que en su interior sólo se imponga la agenda y el interés de un único y recurrente actor: los “inversores” nacionales e internacionales, el gran sujeto al que hay que seducir para que elija nuestro territorio en competencia con todos los restantes territorios del planeta.
En ese mundo global, donde los inversores deben ser seducidos con beneficios crecientes, no existen las historias nacionales ni las memorias sensibles de los pueblos. No hay soldados caídos ni familias que perdieron a sus hijos adolescentes. Tras ese manto de neblina no hay un pedazo desgajado de la Nación argentina. Apenas hay un espacio de explotación económica que hay que liberar a las fuerzas del mercado.
Por eso, Malvinas no es sólo una causa histórica. En nuestras Islas no sólo brilla la memoria de miles de jóvenes lanzados a una guerra absurda. Ni la persistencia injusta de una fuerza colonial. En ellas o a través de ellas explota como una fiebre incontrolable el síntoma del neoliberalismo macrista: su absoluta incapacidad de expresar los intereses nacionales. Y cuando, por cálculo político, por conveniencia, por sugerencia de asesores de imagen, deciden hacerlo, lo hacen muy mal, se les nota su superficialidad y su incapacidad, producen vergüenza.
Por eso, Malvinas es una causa del presente. Porque lo será hasta que se resuelva a favor de la Argentina la discusión sobre su soberanía. Porque así lo establece la Constitución Argentina al declarar el carácter imprescriptible del reclamo sobre ellas. Porque existen las culturas nacionales y, en la nuestra, Malvinas es un lugar de resistencia y de identidad.
Desde el Parlamento nacional haremos valer los intereses nacionales en la discusión por Malvinas ante un gobierno que no sabe, no puede y no quiere expresarlos.

Fuente: Página/12 - 27 de septiembre de 2016